sábado, 21 de marzo de 2026

The Devil’s Hour, una infravalorada serie británica que comienza como thriller y se convierte en una apasionante historia de vidas alternativas

"The Devil’s Hour" es una serie británica creada por Tom Moran, producida por Hartswood Films para Prime Video, con Jessica Raine y Peter Capaldi al frente. La primera temporada se estrenó el 28 de octubre de 2022, la segunda el 18 de octubre de 2024, y Prime Video confirmó ya en noviembre de 2022 que habría segunda y tercera temporada. A día de hoy, la tercera sigue confirmada, pero no tiene fecha pública de estreno anunciada.

La serie arranca con una potente premisa: Lucy Chambers se despierta cada noche a las 3:33, la llamada “hora del diablo”. Su vida está completamente desajustada: su hijo Isaac parece emocionalmente desconectado, su madre tiene visiones inquietantes y ella misma siente que su casa, sus recuerdos y su propia identidad están “desplazados”. Paralelamente, la policía sigue el rastro de varios crímenes que, de una forma extraña, terminan todos conectando con Lucy.

Durante la temporada, la serie parece primero un thriller psicológico con ecos sobrenaturales, pero poco a poco revela que su verdadera lógica es otra: Gideon Shepherd, interpretado por Peter Capaldi no es simplemente un asesino ni un iluminado, sino alguien que recuerda otras vidas o iteraciones temporales. La gran revelación es que Lucy, Isaac y otros personajes están atrapados en una especie de bucle de existencias repetidas, donde ciertas personas conservan rastros, intuiciones o recuerdos de ciclos anteriores. Gideon intenta intervenir en esos ciclos para evitar horrores futuros; por eso parece monstruoso y mesiánico a la vez. Su personaje es de una ambigüedad moral desarmante. El cierre de la primera temporada reordenaba todo lo anterior: las visiones de Lucy no eran simple trauma o locura, sino fragmentos de otras líneas de vida. Isaac tampoco era “frío” en un sentido convencional: es un niño atravesado por una percepción anómala de la realidad. La temporada termina transformando un relato de suspense doméstico en una historia sobre memoria, destino, repetición y libre albedrío.

La segunda temporada cambia el tablero. La sinopsis oficial ya lo dejaba ver: “dos versiones de Lucy colisionan” mientras intentan impedir un crimen terrible, y la serie se adentra de forma mucho más explícita en el juego de memorias, identidades y realidades que la primera solo insinuaba. Aquí Lucy ya no está solo descubriendo que el mundo es raro: está operando dentro de esa rareza. La temporada amplía la guerra estratégica entre quienes recuerdan y quienes viven a ciegas dentro de los ciclos. Gideon pasa a ocupar un lugar todavía más ambiguo: deja de ser solo el gran enigma y se vuelve una figura casi trágica, un hombre que carga con el conocimiento de incontables repeticiones y con la responsabilidad imposible de alterar lo inevitable.

También se intensifica el componente policial y de persecución: la serie adopta un tono algo más procedimental,  menos de misterio puro. Donde la primera temporada construía desconcierto y atmósfera, la segunda empieza a explicar reglas, jerarquías y consecuencias. Eso hace que sea más clara en lo argumental, pero también menos hipnótica en algunos momentos.

A mí me parece una serie muy superior a la media del thriller televisivo reciente, sobre todo por tres razones: 

La primera es por su arquitectura narrativa. Arranca pareciendo una historia de casa encantada, maternidad en crisis y niño inquietante, pero en realidad está trabajando una estructura de ciencia ficción metafísica. Ese desplazamiento de género está muy bien medido: no es un simple giro sorpresa, sino una relectura retroactiva de todo lo visto. Cuando una serie logra que sus primeros capítulos signifiquen otra cosa después del desenlace, hay oficio.

La segunda es el personaje de Gideon, que probablemente sea lo mejor del conjunto. Peter Capaldi lo interpreta con una mezcla rarísima de amenaza, agotamiento moral y compasión. Es un personaje que funciona porque nunca termina de estabilizarse del todo: ¿es un criminal, un profeta, un superviviente, un manipulador, un redentor? La serie gana muchísimo cada vez que entra en su órbita.

La tercera es su tono. Tiene una frialdad británica muy eficaz: no subraya demasiado, no explica sentimentalmente más de la cuenta, y confía en la incomodidad, en los silencios y en la repetición de imágenes. Esa contención le sienta muy bien al material.

The Devil’s Hour mezcla muchos placeres:  el placer de ir completando el puzle e ir comprendiendo que nada era exactamente lo que parecía. Por otro, el placer del desasosiego emocional: la serie no solo intriga, también inquieta. Hay una tristeza de fondo, una sensación de vidas mal encajadas, de personas que se reconocen sin saber por qué, que le da bastante más densidad que a un thriller convencional. No es solo una serie de misterio. Es también una serie sobre la intuición de que ya hemos vivido algo, de que hay dolores que regresan, de que ciertas personas parecen destinadas a encontrarse una y otra vez

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