sábado, 30 de mayo de 2026

"Algo terrible está a punto de suceder", una original serie que combina con destreza el terror y la comedia negra

La serie sigue a la pareja Rachel (Camila Morrone) y Nicky (Adam DiMarco) mientras se preparan para casarse en la cabaña familiar de él, en medio del bosque, un escenario que desde el primer instante transmite una incomodidad difícil de definir. Creada por Haley Z. Boston y producida ejecutivamente como la anterior, "Los Buroughs" por los hermanos Duffer a través de su productora Upside Down Pictures, cuenta además en el reparto con Jennifer Jason Leigh, Ted Levine y Jeff Wilbusch, si bien el protagonismo de la Morrone es absoluto. Puede decirse que ella solita sostiene prácticamente casi toda la serie.

Tanto narrativa como visualmente, el nivel de inquietud y presagio la acerca a clásicos del folk horror  como The Wicker Man (1973) o a  obras contemporáneas como Get Out "Dejame salir" (2017). Prescinde de los sustos fáciles y el  gore en favor de una narración centrada en los personajes y en la atmósfera. El cine de Lynch es otra de sus influencias más claras, con sus imagenes perturbadoras y  sus giros de guión. El terror puede no estar solo en la oscuridad de la noche o en un bar solitario de carretera sino en la cama matrimonial. 

La cámara sigue a Rachel de un modo que hace que el entorno resulte extraño aunque no cambie físicamente, creando una sensación de encierro sin mostrar nada obvio. A veces el encuadre queda un poco descentrado, lo que añade la sensación de que las cosas no están en equilibrio. La iluminación es tenue  manteniendo partes de las escenas en sombra. No se trata de mostrar todo con claridad, sino de construir un estado de ánimo inquietante. La atmósfera de terror  crece poco a poco, dejándote en una permanente situación de incomodidad de forma  que  hace bueno el título  de que "algo terrible está a punto de suceder". La soledad de la protagonista en  la cabaña del bosque con esa familia siniestra la hacen tremendamente claustrofóbica. El matrimonio no se presenta como una sueño con final feliz sino como algo más pesado, impredecible y terrible. La serie muestra a qué pueden renunciar las personas por una relación, y si esas elecciones merecen siempre la pena. El viaje de Rachel refleja esa tensión: parece insegura ante las señales, pero sigue impertérrita,  adelante, de todas formas, como mucha gente cuando siente la presión de seguir un camino determinado.

Merece la pena detenerse en su aspecto musical, donde la serie es extraordinariamente rica, con canciones de autores que van  desde Johnny Cash y Animal Collective hasta Martha Wainwright, con canciones o melodías  episodio a episodio como What A Pretty Bride You'll Be, Chapel Of Love de The Dixie Cups, Deadly Valentine de Charlotte Gainsbourg, o Love Potion No. 9 de The Clovers, o el Canon en Re de Johan Pachelbel, esta última mezclando celebración y solemnidad en su momento más oscuro. El motivo recurrente de toda la temporada es la inolvidable  You Are My Destiny de Paul Anka, que funciona como una amenaza dulcificada que regresa a cada momento cargada cada vez más de significado siniestro. La lógica musical es la misma que la temática: canciones nupciales y románticas de los años 50 y 60 —el imaginario más inocente del amor y el matrimonio— usadas para envolver una historia de horror.

Su creadora  Haley Z. Boston combina horror y comedia negra con  destreza a pesar de que la serie tarda varios episodios en encontrar su rumbo, lo que puede desesperar a quienes esperaban una escalada de tensión  desde el principio. Es una de las mejores series de terror psicológico que ha dado Netflix en años. Más cercana a Ari Aster o a Lynch que al  Spielberg de Stranger Things, Algo terrible está apunto de suceder demuestra que hay vida y horror adulto más allá de las criaturas del Mundo al Reves. Francamente recomendable para los que gusten de un terror diferente.

viernes, 29 de mayo de 2026

"The Boroughs" la nueva serie de los Duffer protagonizada por viejas glorias de Hollywood con grandes influencias del fantástico de los 80

 

En las dos próximas entradas analizaré dos series producidas por los hermanos Duffer, autores de la icónica, -es parte ya de la historia de la televisión-,"Stranger Things". La primera de ella que acabé de ver esta semana es The Boroughs. Gira en torno a los residentes de una idílica comunidad de jubilados  en el desierto de Nuevo México, cuando un recién llegado, Sam, comienza a sospechar que el lugar esconde algo oscuro tras un aterrador encuentro nocturno. Junto a sus vecinos, un curioso y heterogéneo grupo: una ex-manager musical, un médico gay y una pareja de color, emprenderá la búsqueda de la verdad que pondrá en peligro sus propias vidas. A mi particularmente, y a pesar de algunos problemas iniciales de ritmo, me ha gustado.

Si "Stranger Things" tenía un montón de influencias que enumeré en su momento, en la correspondiente entrada del blog, está no se puede despachar como ha hecho injustamente algún crítico indocumentado calificándola como un "Strangers Things" de ancianos, y sustituyendo, siendo muy bestia,  las bicicletas por andadores. No, The Boroughs nos trae recuerdos del cine de Joe Dante con su "Gremlins" o "The burbs" y de la mejor serie B de los años 80 y 90, a diferencia de "Strangers Things" donde las influencias de Spielberg y Stephen King eran las más evidentes. Incluso si me apuras el argumento podría haber aparecido en cualquiera de aquellas antologías televisivas míticas para el fandom del género como son "Más allá de límite" o "La Dimensión Desconocida". Por supuesto un  nombre de película que nos viene a la cabeza por afinidad con la serie es "Cocoon", aunque argumentalmente no tengan nada que ver más allá de ser protagonizadas ambas por personas mayores y también existir una entidad alienígena de por medio.

Por supuesto, estando los hermanos Duffer detrás del proyecto hacen que ambas series, ésta y la que les ha dado fama y dinero, formen parte de un mismo imaginario audiovisual compartido por esa generación de jóvenes, la mía que disfrutamos de ese cine ochentero. Por supuesto que hay un giro generacional. Si en "Strangers Things" veíamos a un grupo de niños que descubrían el mundo, en The Boroughs, son un grupo de personas mayores  que han sufrido  pérdidas como la muerte de la esposa o que viven diferentes situaciones: enfermedades, viejos amores, oportunidades perdidas, achaques o recuerdos que empiezan a deteriorarse. 

Si bien una lectura superficial puede hacer pensar que el diseño visual tan pulido, tan perfecto,  puede trabajar en contra de la atmósfera de terror y eso es parcialmente cierto, no menos cierto es que el pueblo tan perfecto es como veremos una trampa, una ilusión de perfección. Su estética de comunidad perfecta nos retrotraen a películas como The Stepford Wives (1975), Pleasantville (1998) o  The Truman Show (1998).

La revelación central —que los fundadores de la comunidad explotan a una entidad alienígena que llaman "la Madre" para preservar su juventud y extender artificialmente sus vidas— es el concepto más inspirado de la serie. La Madre salió de un huevo alienígena antiguo descubierto en una mina de en los años 40. Los fundadores de la comunidad la encontraron enterrada bajo el terreno donde luego construirían The Boroughs. Su sangre metabolizada mantiene jóvenes a la pareja fundadora y a su personal. El precio, sin embargo, lo pagan los ancianos residentes: los hijos de "La madre" drenan fluido cerebral de los jubilados mientras duermen, acortando su vida. La Madre no experimenta el tiempo de forma lineal, lo que le permite comunicarse con personas, por ejemplo con demencia o deterioro cognitivo cuyas mentes están "perdidas en el tiempo". La Madre es una entidad alienígena con una percepción no lineal del tiempo, prisionera y explotada como fuente de inmortalidad, que resulta ser más víctima que monstruo y que paradójicamente desea morir. Un concepto bastante más rico  e interesante de lo que la premisa inicial sugería.

Resulta esclarecedora y chocante como los villanos Blaine y Anneliese adquieren cualidades monstruosas por toda la sangre que han bebido, mientras la Madre, el monstruo,  adquiere cualidades humanas por todo el fluido cerebral con que la han alimentado apareciendo no como una criatura grotesca  sino como una figura anciana de pelo blanco que parece casi humana. Eres lo que comes.

Al margen de su trama fanta-terrorífica, la serie critica el trato de la sociedad a las personas mayores pues  el mundo deja de escucharlas mucho antes de que desaparezcan realmente de este mundo. También habla de aprender a seguir viviendo después de la pérdida, como en el caso de Sam y su mujer,  fallecida tras un infarto fulminante. Buenas interpretaciones de un magnífico ramilletes de actores como Alfred Molina, Geena Davis, Alfre Woodard, Denis O'Hare, Clarke Peters, Bill Pullman que muestran su edad, sus canas y sus arrugas  con enorme dignidad.

El único "pero" de la serie es, como he dicho, cierto problema de ritmo en su tramo central: los personajes pasan demasiado tiempo descubriendo información que el espectador ya ha deducido, creando la frustrante sensación de que la historia va por detrás de su audiencia. Las escenas individuales se sostienen gracias a las actuaciones, pero la historia pierde parte de su impulso inicial. Es, no obstante,  una serie que vale la pena.

domingo, 24 de mayo de 2026

"Daredevil: born again", la 2ª temporada de la serie de Disney supera a la primera pero no alcanza el nivel del "Daredevil" de Netflix

"Daredevil: Born Again" no  es un reboot propiamente dicho de Disney-Marvel, sino una continuación en parte de la serie de Netflix, donde el ámbito ya no es Hell’s Kitchen "La Cocina del Infierno" sino todo Nueva York. 

La primera  temporada se estrenó en marzo de 2025 y la segunda  temporada  en marzo de 2026, cerrando el 5 de mayo su tanda de ocho episodios. A continuación un pequeño resumen de cada una de ellas así como una comparación con la serie de Netflix que vimos hace ya unos cuantos años.

La primera temporada

La primera temporada de esta nueva etapa arranca con  la muerte de Foggy a manos de Bullseye. Tras la muerte de Foggy Matt cuelga el traje, Karen se marcha y la firma se disuelve. Mientras tanto Wilson Fisk se reinventa como político y termina ganando la alcaldía de Nueva York con un discurso de “ley y orden” que en realidad es la coartada perfecta para reconstruir su imperio criminal desde el ayuntamiento. La temporada juega a un thriller legal y político con dos hombres intentando contener sus respectivos demonios. Hay un caso semanal interesante (el de Hector Ayala/White Tiger), la subtrama del asesino Muse y la relación de Matt con la terapeuta Heather Glenn, sin olvidar el regreso en un par de capítulos de Frank Castle y también, al final de Karen Page. El cierre deja a Fisk convertido en alcalde autoritario, criminalizando a los vigilantes, decretando el toque de queda y empujando a Matt a organizar una resistencia.

El problema de esta primera temporada  es bien conocido y se notaba mucho  en pantalla, se concibió como una serie procedimental judicial alejado de su espíritu original. Se rodó durante un año y luego Marvel paró, contrató a Dario Scardapane y mandó rehacer buena parte del material. La consecuencia es un remiendo de serie en el que se le ven las costuras, por el cambio de enfoque sobre la marcha. Es una temporada arrítmica, muy irregular, descompensada, a medio hacer, en el que se echa en falta a Foggy y sobre todo a Karen. La serie recupera el ritmo casi al final, con la declaración del estado de emergencia. Queda muy lejos de los climax emocionales de la serie de Netflix.

La segunda temporada

La segunda temporada es mucho más directa y consistente y desde luego mucho más satisfactoria que  la primera. Sube el nivel aunque no llega a superar, en mi opinión, a ninguna de las tres temporadas de Netflix. En esta temporada Fisk es el  autócrata de Nueva York, que sigue haciendo negocios sucios, en este caso traficando con armas de guerra. La Brigada Antivigilantes—una fuerza paramilitar con uniformes negros que hace redadas en barrios latinos—, persigue a vigilantes, prensa libre y disidentes, e impone un estado policial encubierto. Matt lidera una resistencia en la sombra para desmontar el imperio de Fisk a la que se van uniendo Jessica Jones, Frank Castle, Luke Cage en el final, y aliados nuevos. Karen Page acaba siendo acusada en un juicio político. La turba pro-Fisk irrumpe en el tribunal para cerrar el juicio a la fuerza.  

En medio del caos, Bullseye reaparece y revienta los planes de Kingpin, Heather Glenn asume la identidad de Muse (heredada de su agresor de la T1) y Matt, en su decisión más importante, revela su identidad pública como Daredevil. La temporada acaba con la caída política del alcalde y posteriormente con Matt cenando con Karen y siendo detenido pacíficamente. El héroe acaba entre rejas, lo que prepara claramente la tercera temporada con el regreso confirmado de Iron Fist y de un Luke Cage más protagónico que se suman a las incorporaciones que hemos visto de "The punisher" (la brigada toma su símbolo de esta serie) y de Jessica Jones. Así pues, toma cuerpo el regreso de "The defenders".

En esta temporada la acción es mucho más cercana a lo que uno espera de "Daredevil". Tambien mejoran el guión y las interpretaciones. Jessica Jones aporta un contrapunto áspero  que encaja muy bien. Karen recupera afortunadamente  peso dramático. Bullseye vuelve a ser una presencia enfermiza. Y Fisk, aunque a veces roza lo excesivo, sigue siendo una de las grandes creaciones televisivas de Marvel gracias a D’Onofrio. El desenlace de Fisk puede parecer demasiado blando en esta temporada para todo el daño que ha hecho a lo largo de las dos tandas de episodios.

Comparativa del Daredevil de Neflix y Disney

La de Netflix sigue siendo superior. Sobre todo por tres razones. La escala del escenario no mejora el producto. "Daredevil Born Again" es más grande pero el Hell’s Kitchen (La Cocina del Infierno) del "Daredevil" de Netfix  era un lugar reconocible donde las tramas se sentían más cercanas. El trío protagonista le daba una dimensión más humana a la serie. Con la muerte de Foggy y la desaparición de Karen el protagonista queda amputado emocionalmente. El regreso de Karen lo soluciona parcialmente. Las peleas de la serie de Netflix eran pura coreografía. La serie de Netflix tenía una identidad dramática muy precisa. Era una tragedia urbana disfrazada de serie de superhéroes. Lo más positivo de la serie de Disney es la idea de que el crimen no necesita esconderse porque se ha infiltrado en las instituciones, algo que la hace particularmente actual. La "Daredevil" de Netflix tenía, por contra, mayor profundidad emocional y estaba mejor escrita.

En mi ranking particular, las mejores temporadas son, por este orden: la tercera, la segunda y la primera temporadas de Netflix. La primera temporada de "Daredevil Born Again" es claramente inferior a cualquiera de las tres de Netflix. La segunda ya juega en esa liga y podría acercarse a la primera de Netflix pero está por debajo de las otras dos. Esperaremos a la tercera temporada de "Born Again" para ver si se confirma la mejoría.

domingo, 17 de mayo de 2026

"Monarch: El legado de los monstruos", una serie que gana cuando mira a los monstruos desde lo humano

 
 
Monarch: El legado de los monstruos cerró hace un par de semanas su segunda temporada consolidándose como una de las propuestas más interesantes del "monsterverse televisivo" y de la plataforma Apple TV junto a su otra serie "Fundación".
 
1ª temporada: el secreto familiar bajo la sombra de Godzilla
 
La primera temporada arrancaba después de los acontecimientos de Godzilla acaecidos en  2014. Cate Randa, superviviente del ataque de San Francisco, viaja a Japón tras la desaparición de su padre, Hiroshi. Allí descubre que su vida familiar era mucho más compleja de lo que imaginaba: su padre tenía otra familia secreta, otro hijo —Kentaro— y una vinculación directa con la corporación Monarch, la organización secreta dedicada a investigar a los titanes. El gran acierto de esa primera temporada es que no se limita a enseñar a los titanes. Los usa como telón de fondo para contar una historia de secretos familiares que pasan de una generación a otra. Así les sucede a Cate, Kentaro y en otro orden de cosas a Lee Shaw. La serie alterna dos líneas temporales: la del presente, con Cate, Kentaro y May siguiendo las pistas de Hiroshi; y la del pasado, con Keiko, Bill Randa y Lee Shaw en los años cincuenta, cuando Monarch empieza a tomar forma como proyecto militar y científico. El tramo final lleva la historia hacia el Axis Mundi, ese espacio entre mundos donde el tiempo  se ralentiza (un día dentro puede suponer un año fuera),  y donde la serie conecta de forma directa con la mitología de la Tierra Hueca. Al final descubrimos que Keiko sigue viva, para ella ha pasado muy poco tiempo, para los demás muchas décadas, y los personajes acaban en Isla Calavera, con Kong como presencia decisiva en el horizonte. 
 
2ª temporada: Kong, el Titan X y el peso del legado

En la segunda temporada el futuro del mundo está nuevamente en juego, y reune a héroes y villanos (los de la corporación Apex) en Isla Calavera y posteriormente en una misteriosa aldea del sur de Chile vinculada a un titán mítico que emerge del mar, el Titán X, una fuerza casi mitológica con un poder de consecuencias catastróficas. Además de este titán tienen también mayor  presencia que en la primera temporada Kong y Godzilla. En esta temporada hay por lo tanto más monstruos y más espectáculo, pero no se abandona el drama íntimo. La temporada profundiza en Keiko, en Lee, en la familia Randa y en la idea de que Monarch no es únicamente una organización científica o gubernamental, sino una herencia familiar llena de sacrificios, errores y decisiones controvertidas y contradictorias.

El Titan X funciona muy bien porque no sólo es un nuevo monstruo. Tiene misterio, dimensión emocional y una relación especial con Cate, lo que hace que la temporada no dependa únicamente de la destrucción o del combate de estos monstruos. Y es que hay una pregunta que tenemos que hacernos: ¿y si algunos titanes no fueran solo amenazas, sino seres desplazados, perdidos, confundidos, arrancados de su propio universo? Esa idea le da a la serie un tono más melancólico y trágico. El final de temporada ofrece el esperado enfrentamiento entre Kong y Titan X, pero no se queda en la pelea. El cierre combina acción, emoción y  una despedida especial entre Cate y el Titan X, además de dejar encaminada una nueva etapa de Monarch, casi una “Monarch 2.0”, con Cate, Keiko, May y Tim como núcleo de una organización más pequeña, más humana y más cercana a la investigación directa. 

Una serie que tiene todavía recorrido

Monarch tiene algo que no siempre consigue el cine del MonsterVerse: una escala humana dentro de una mitología enorme. Uno de sus mayores aciertos es el reparto. Kurt Russell y su hijo Wyatt Russell dan una continuidad muy especial al personaje de Lee Shaw; muestra cómo el tiempo transforma a un mismo hombre sin borrarle del todo la mirada. Anna Sawai aporta a Cate una mezcla de fragilidad y determinación que hace creíble su evolución. Y Mari Yamamoto, como Keiko, se convierte en una de las grandes columnas emocionales de la serie. La serie habla de padres desaparecidos, hijos que heredan secretos, científicos que creen estar salvando el mundo y terminan malogrando su propia vida.  Monarch es más que una simple serie de monstruos. Es aventura, sí, pero también es melodrama familiar, ciencia ficción, conspiración institucional y un relato de duelo.

Visualmente, la segunda temporada mejora: la Isla Calavera, las grietas o portales, el mundo intermedio, las apariciones de Kong y del Titan X: ofrecen  una presencia espectacular pero el espectáculo no devora  a los personajes. En el último capítulo, por ejemplo, el combate importa, pero emociona más la despedida, la mirada entre Cate y Titan X, la sensación de que incluso una criatura colosal puede estar buscando como volver a casa. No es una serie perfecta. A veces se toma demasiado tiempo en tramas secundarias. Los monstruos más interesantes no son los que destruyen ciudades, sino los que obligan a los personajes a mirar lo que llevan dentro.

Monarch: El legado de los monstruos nos cuenta una historia cada vez más sólida, más emotiva y más consciente de su identidad. La primera temporada construye el misterio; la segunda lo expande con más ambición y con mejores momentos de espectáculo. Y, sobre todo, deja la sensación de que esta serie todavía tiene recorrido. Porque bajo los rugidos, las grietas dimensionales y las pisadas de Kong, lo que late es la historia de una familia. Y eso, curiosamente, es lo que hace que los monstruos parezcan más grandes.


 

sábado, 16 de mayo de 2026

Doce años después y tras ocho temporadas, "Outlander" termina su épica historia romántica con un final deliberadamente ambiguo

 
Doce años. Ocho temporadas. Una historia de amor que atravesó siglos, guerras, muertes y resurrecciones —literales y metafóricas—. El pasado 15 de mayo de 2026, Outlander emitió su episodio final  cerrando uno de los fenómenos televisivos más singulares de la última década. En entradas anteriores de este blog cubrimos la serie hasta aquel momento bisagra de la cuarta temporada en que Brianna, llegada del futuro, se encontraba por primera vez con su padre biológico, Jamie Fraser. Un instante de enorme emoción. Lo que vino después fue a veces desigual las menos, emocionante y hermoso siempre. Una épica serie romántica que forma parte ya de nuestras vidas, en mi caso está en mi "top ten" donde hay series de muy diferente tipología,  lo que en mi caso confirma que soy y he sido siempre un romántico empedernido.  Repasemos lo que ha pasado desde entonces.

Cuarta temporada

 La cuarta temporada adaptó Drums of Autumn (Tambores de Otoño), el cuarto libro de Diana Gabaldon, y trasladó definitivamente la acción a las colonias americanas. Jamie y Claire construyen Fraser's Ridge en Carolina del Norte mientras Brianna viaja desde el siglo XX a través de las piedras para avisar a sus padres de un incendio que, según los registros históricos, acabará con sus vidas. La temporada tendrá dos grandes motores narrativos: la reunión de la familia —que culminó en el mencionado encuentro entre padre e hija— y la sombra de Stephen Bonnet, el villano más malvado de toda la serie, que violó a Brianna y envenenó la vida de la familia durante dos temporadas. Es una temporada, en cierto sentido de fundación o refundación,  en la que los Fraser construyen un nuevo hogar y donde la familia, toda la familia se reencuentra.

Quinta temporada

La quinta temporada, basada en el libro  The Fiery Cross, se inicia con una boda —la de Brianna y Roger— y se cierra con uno de los momentos más duros de toda la serie. Los hechos más destacados son la muerte de Murtagh, el padrino de Jamie, convertido en líder de los Reguladores —granjeros que se resistían al sistema fiscal británico—, que muere en la Batalla de Alamance. Es una muerte que duele porque Murtagh era uno de los personajes más queridos desde el inicio e incondicional de Jamie. 

En segundo lugar el secuestro y posterior agresión sexual de Claire. Lionel Brown y un grupo de hombres secuestran, golpean y violan a Claire. Es el momento más brutal  de la temporada. La escena es bastante fuerte. A "Outlander" se la ha criticado la dureza de estas escenas de agresión sexual: en la serie hay tres que no se olvidan fácilmente, la violación de Jamie, en la primera temporada, la de Brianna en la cuarta y la de Claire en la quinta. Otro de  los momentos que se recuerda es cuando Jaime es mordido por una serpiente y Claire lo salva literalmente con el calor de su cuerpo. Es Outlander en estado puro, como es también marca de la casa la alta temperatura de sus escenas eróticas bastante alejadas de lo que es común en la mogijata y pacata televisión americana. La temporada es sólida y correcta aunque sin la épica de las primeras, con un ritmo, a veces irregular.

Sexta temporada

La sexta temporada es la más corta de la serie y también la más oscura y perturbadora. Es irregular pero valiente. Sus ocho episodios se sienten comprimidos, y hay subtramas —la de los Cherokee, la de Fergus y su alcoholismo— que merecían más espacio. Pero cuando funciona, funciona muy bien. Basada en el libro  A Breath of Snow and Ashes,  tiene un gran mérito: se toma en serio el trauma de Claire de una manera que pocas series se atreverían. La temporada se vertebrá sobre tres hechos: En primer lugar la adicción al éter. Claire, incapaz de dormir sin pesadillas tras su agresión, empieza a automedicarse con éter, el anestésico que ella misma ha introducido en la medicina del siglo XVIII. Es un arco narrativo que no estaba en los libros —Gabaldon lo aprobó expresamente— y que Caitríona Balfe borda. Ver a Claire —la mujer más competente y racional de toda la ficción televisiva— deteriorarse en silencio se nos hace extraño. 

En segundo lugar la llegada de  la familia Christie. La llegada de Tom Christie —un antiguo compañero de prisión de Jamie en Ardsmuir, protestante fanático y misógino convencido— pone en jaque la autoridad de Jamie en Fraser's Ridge. Se convierte así en  un antagonista diferente del villano clásico porque nunca lo es del todo: su rigidez moral es genuina pero su amor torturado por Claire  también y resulta creíble; su hija Malva es uno de los personajes más inquietantes de toda la serie. En tercer lugar la muerte de Malva y la acusación a Claire. Malva Christie aparece muerta en el jardín de Claire, embarazada, tras haber acusado públicamente a Jamie de ser el padre de su hijo. Claire es acusada de asesinato. La temporada termina con Claire siendo llevada ante la justicia colonial y Jamie intentando desesperadamente salvarla. Es un cliffhanger efectivo, aunque la resolución —que llega en los primeros episodios de la séptima temporada— resulte algo apresurada.

Séptima temporada

La séptima temporada es una de las más largas de la serie, si dejamos a un lado alguna de las primeras —dieciséis episodios emitidos en dos bloques— es también la más ambiciosa y la más desequilibrada. Fue dividida en dos mitades con más de un año de diferencia entre ellas, la séptima temporada adaptó materiales de varios libros a la vez y puso a todos los personajes en movimiento simultáneamente.

En la primera parte (2023): Claire es absuelta del asesinato de Malva justo cuando estalla la Revolución Americana. Jamie es reclutado como brigadier general del Ejército Continental y enviado a Nueva York y Fort Ticonderoga. Claire le acompaña como médica de campaña. La serie muestra con más ambición que nunca la escala de la guerra: batallas, hospitales de campaña, política militar. Sam Heughan y Caitríona Balfe están excelentes, pero la primera mitad sufre de cierta dispersión narrativa: hay demasiados personajes, demasiadas líneas argumentales abiertas al mismo tiempo. Aunque se produce un gran giro argumental: la falsa muerte  de Jamie y la intervención de Lord John. Jamie desaparece en el mar y se le da por muerto. 


Lord John Grey, para proteger a Claire, le propone matrimonio. Claire, en estado de shock y convencida de haber perdido al hombre de su vida, acepta. El problema es que Jamie no está muerto. Cuando reaparece y descubre que Lord John y Claire han consumado el matrimonio —en un momento de desesperación de Claire—, su reacción violenta hacia John es uno de los momentos importantes de  la serie. Jamie golpea físicamente a su mejor amigo, a pesar de que que le había salvado la vida a su mujer. Es lógica esta reacción en un hombre del siglo XVIII. El joven William Ransom —el hijo ilegítimo de Jamie, criado como aristócrata inglés— descubre finalmente sus orígenes. La escena de la confrontación entre padre e hijo es de las mejores de toda la temporada: Jamie no se disculpa de haber tenido el hijo, pero sí de no haber podido ser su padre. 

En la segunda parte (2025) se produce  la Batalla de Monmouth. Claire recibe una bala en el hígado mientras trabaja como médica y llega a la mesa de operaciones en peligro mortal. Sobrevive, pero el susto es genuino. La temporada termina con Roger y Brianna tomando la decisión definitiva sobre si quedarse en el pasado o volver al futuro, y con la familia al completo preparándose para el que saben que será el último capítulo: la Batalla de Kings Mountain, donde los registros históricos que Frank Randall dejó escritos señalan que Jamie Fraser murió.

Octava temporada

La última temporada (2026) tiene el enfoque muy perfilado: sabe adónde va, y casi todo lo que hace apunta en esa dirección. La octava entrega adapta el noveno libro de Gabaldon, Go Tell the Bees That I Am Gone, con algunas desviaciones significativas. La más importante  la muerte de Fergus. El hijo adoptivo de Jamie, personaje querido desde la primera temporada, muere en el episodio 7 en circunstancias que no existen en el libro —donde está vivo y sano—. Su muerte es un golpe dramático devastador, y también la señal más clara de que la serie ya ha tomado su propio camino, separándose definitivamente del texto de Gabaldón. Uno de los giros más controvertidos de la temporada es el misterioso agente Richardson que  resulta ser un viajero del tiempo que cree que si Gran Bretaña gana la guerra de independencia, la esclavitud podría abolirse antes. Es una idea fascinante que llega demasiado tarde y con demasiado poco desarrollo para tener el impacto que merece. Los fans se han dividido: hay quien lo ama como complicación filosófica final, hay quien lo siente como un MacGuffin tardío.

Jamie escribe su testamento —uno de los momentos más emotivos de la temporada, mientras reparte entre sus seres queridos objetos que son pequeñas memorias de quien ha sido— y marcha a la batalla. Los Patriotas ganan Kings Mountain, como ocurrió históricamente. Jamie, contra todo pronóstico, sobrevive al grueso del combate. Claire grita "¡Frank estaba equivocado!" y el espectador respira tranquilo. Y entonces Ferguson, derrotado y herido, saca una pistola escondida y dispara a Jamie en el pecho. Lo que sigue es "Outlander" nuevamente en su forma más pura. Claire siente el disparo como si fuera en su propio cuerpo —el vínculo sobrenatural entre ellos lleva doce años construyéndose— y vuelve corriendo. Jamie muere en sus brazos. Claire se niega a separarse de su cuerpo. Pasan las horas, la noche y llega la mañana con los dos abrazados. En los últimos segundos del episodio, Claire y Jamie —tendidos en la cima del monte— abren los ojos y toman aire. Y a continuación hay un fundido a negro.

Sobre la interpretación del final de la serie

Antes del corte a negro definitivo, hay una secuencia reveladora: vemos la escena del primer episodio —el fantasma de Jamie observando a Claire en el siglo XX, la noche antes de que ella atraviese las piedras— reencuadrada ahora como la promesa que Jamie hizo: si moría, volvería como espíritu a visitar a quienes amaba. Y fue él quien dejó las "nomeolvides" en Craigh na Dun, atrayendo a Claire hacia las piedras, hacia él. La serie que empezó con un misterio —¿quién era ese Highlander que Frank vio?— termina respondiéndolo. El hecho de que el fantasma de Jamie plante las flores que hacen viajar a Claire demuestra que sus vidas están atrapadas en un círculo perfecto, una especie de bucle infinito. Están destinados a encontrarse, morir y revivir en una línea temporal eterna donde el amor rompe las reglas de la física. La escena postcréditos muestra a la propia Diana Gabaldon firmando ejemplares de su novela en una librería de los años 90, mientras un lector señala el diario, un diario viejo que tiene sobre la mesa —el mismo en que Claire empezó a escribir su historia en el episodio anterior. "Es solo un poco de inspiración", dice Gabaldon con una sonrisa. El guiño es elegante: la historia no la inventó Diana Gabaldon. La escribió Claire Fraser, y Diana solo la encontró.

¿Están vivos o muertos? ¿Es una resurrección literal o los dos mueren juntos (ella muere de pena) y lo que vemos son sus espíritus despertándose en el más allá? El showrunner Matthew B. Roberts ha reconocido que filmaron el final con deliberada ambigüedad. La propia Caitríona Balfe, en entrevistas del día del estreno de la serie, dijo que hubiera querido que los poderes de Claire fueran más explícitos y la escena final más reveladora. Sam Heughan admitió que "inicialmente querían que quedara claro que ella lo devolvió a la vida, pero al final quedó algo más equívoco, y ni nosotros sabemos si están vivos o en otro lugar".

La lectura más satisfactoria para el famdom—y la que mejor encaja con el arco de Claire— es la de la resurrección. Desde la segunda temporada, cuando el Maestro Raymond la curó de una infección mortal hablando de Jamie, la serie ha construido un poder sanador en Claire vinculado a la luz azul y a su conexión con él. Su pelo se volvió blanco por completo debido al esfuerzo energético. En la octava temporada, ese poder ya ha salvado a un recién nacido. Cuando en el último plano el pelo de Claire se torna completamente blanco —como predijo la sanadora cherokee Adawehi cuando llegaran sus poderes plenos—, la inferencia es clara: lo ha traído de vuelta. Pero la serie tiene la inteligencia y la elegancia de no subrayarlo ni de hacerlo explicito.

Las diferencias entre la serie y los libros 

En la novela de Diana Gabaldón, Fergus está vivo. Su muerte  es una invención de la serie—dramáticamente efectiva, pero que cierra para siempre una historia que en los libros sigue abierta. La muerte de Fergus en pantalla es probablemente la divergencia más significativa. En cuanto al final en Kings Mountain: en el libro, Jamie también muere pero Claire  lo devuelve a la vida mediante la luz azul. La diferencia es que en la novela ese momento es más explícito, más místico y le da más protagonismo y convierte a Claire en una sanadora cuasi milagrosa. Gabaldón ha dicho en entrevistas del estreno que sugirió a Roberts que dejara crecer la luz azul de Claire hasta envolver a los dos y fundirlo todo en negro. Roberts lo deja en la ambiguedad. Balfe ha reconocido que habría preferido la versión más clara. Diana Gabaldón aun no ha publicado su décimo libro que cierra la serie literaria, lo hará  a finales de este año o comienzos del que viene, hay teorías de los fans que pretenden adelantar su contenido, pero no dejan de ser rumores más que realidades. El libro tendrá un final y la serie tiene otro diferente que ya lo hemos visto

Valoración final 

Outlander ha tenido temporadas excelentes, especialmente las tres primeras, y ha tenido alguna temporada más irregular, probablemente la quinta. También algún giro argumental  pedía más desarrollo y se ha sacado de la manga alguna subtrama como la de Faith y su hijas Jane y Fanny que la autora de los libros descartó en sus tramas pero ha tenido también algo que pocas series de su duración consiguen en la televisión: una pareja protagonista que la ha hecho  creíble durante doce años. Hemos vivido y sufrido con ellos. Hemos llorado con ellos y también nos hemos alegrado de sus logros. Forman parte casi de la familia. El trabajo  de Sam Heughan y Caitríona Balfe es la columna vertebral de todo. Sin esa química, sin esa solidez actoral, la serie habría colapsado tras la cuarta temporada. Con ella, aguantó hasta el final con una nota muy alta. El final da lugar a diferentes interpretaciones. Es un final que tal vez no satisfaga a todos por  esa premeditada ambiguedad. Confía en su audiencia lo suficiente como para no explicarlo todo. Y después de doce años viajando con Claire y Jamie a través del tiempo, la guerra y la muerte, quizás eso es exactamente lo que merecíamos: la posibilidad de elegir cómo queremos que termine la historia.