sábado, 15 de agosto de 2026

Finaliza la tercera temporada de "La Casa de dragón": Cuando todos son villanos

Aunque lo que voy a decir parece que podría pecar de cierta simplificación, no lo es. En casi todos los relatos fílmicos nos encontramos con unos personajes que ejercen el liderazgo moral, generalmente los protagonistas con los que el espectador se identifica, vamos los héroes de la historia. Enfrente se encuentran los antagonistas, esforzándose en amargarle la vida al héroe o heroína  con sus múltiples tropelías, es el papel destinado a los villanos. No voy a decir que el héroe  deba ser un santo, de hecho son mucho más atractivos los personales   ambiguos, poliédricos,  con luces y sombras que los personajes planos. Incluso el protagonista puede llegar a  ser un antihéroe y seguir siendo atractivo para el espectador. 

Lo que resulta difícil de entender es como los responsables de algunas series con gran proyección mediática y social como puede ser  esta de La Casa del Dragón o su antecesora Juego de Tronos, juegan con nosotros y convierten de forma precipitada a personajes, con los que inicialmente se pretende que empatice el espectador,  en locos o villanos. Pasó con Danerys Targaryen, después de un montón de temporadas,  en Juego de Tronos,  y está sucediendo con Rhaenyra Targaryen en La casa de Dragón. Parece ser que una vez más la serie no ha seguido en algunos aspectos, bastantes más de los que cabría esperar, el argumento del libro y el devenir de sus personajes, cambiando algunas tramas. No dudo, y no he leído el libro, que los personajes principales de los libros seguramente tendrán muchos más matices  que los vistos en la serie o al menos un recorrido y unas razones que justifiquen su evolución.

El último capítulo de la temporada, uno de los más largos, se centra sobre todo en la primera batalla de Ladera o Tumbleton. La batalla tiene múltiples diferencias en el libro respecto de la serie. En el libro Ladera se convierte en el último bastión de los Negros para defender Desembarco del Rey  ante el avance de los Hightower. Aquí es al revés, Ormund Hightower se parapeta en la ciudad y es Rhaenyra la que tiene que hacer el esfuerzo para recuperarla. En los dos casos se produce la traición de la "semillas de dragón" Ulf el Blanco y Hugh Martillo,  pero mientras en el libro traicionan a Rhaenyra movidos por el ansia de poder y la codicia,  en la serie Ulf termina volviéndose contra los dos bandos, incinerando al ejercito del norte y luego a la ciudad que había sido tomada por los Verdes. Hugh Martillo todavía no ha traicionado a nadie. Por otra parte en el libro Daemon no participa en la batalla al contrario que en la serie. 

Cuales son las mejores soluciones creativas: ¿las de la serie o las del libro?. Pues en este caso de la batalla tengo mis dudas pero hubiera tenido mayor sentido trágico la traición desde dentro de los "semillas de dragón" que un ataque desde fuera contra tirios y troyanos, como sucede en la serie. Tumbleton se convierte  en la antítesis de la batalla heróica: no hay gloria, solo humo, cuerpos abrasados y hombres que avanzan porque ya no saben hacer otra cosa.  La ironía más corrosiva del episodio está precisamente en el citado Ulf. Toda la ideología Targaryen descansaba sobre la supuesta excepcionalidad de quienes podían montar un dragón para justificar su casi derecho divino al trono. Pero el dragón Silverwing eligió  a un hombre vulgar, caprichoso y fácilmente manipulable. Si los dragones constituyen una prueba de legitimidad divina, los dioses de Valyria tienen un sentido del humor bastante raro. Rhaenyra ha entregado un arma de destrucción masiva a alguien cuya lealtad dependía del vino, los halagos y de que lo trataran como a un señor. La traición de Ulf no es solo militar: destruye desde dentro el mito sobre el que la reina pretende levantar su poder.

En el libro Rhaenyra se convierte en una reina autoritaria mientras en la serie aparece como una mujer al que parece asistirle la legitimidad, al menos asi nos lo presentan desde la primera temporada, pero que cuando toma el poder se ve sobrepasada por las circunstancias. También hay diferencias en el rol de Helaena y en la relación entre  los hermanos Aemond y Aegon Targaryen. No se puede entender bien el viraje moral de Rhaenyra que se debería haber cocido a fuego lento a lo largo de las temporadas anteriores. Como pasó con Danerys en Juego de Tronos la velocidad con que la convierten de heroína en villana, por ejemplo ordenando ejecutar al Septón Supremo por negarse a ungirla como reina no hace creíble su personaje que deriva en un incomprensible mesianismo, sobre todo cuando en las dos temporadas anteriores su personaje había oscilado casi siempre entre la indecisión y la prudencia. Y si al final todos, negros y verdes son malos y villanos, ¿Con quién se identifica el espectador?: con nadie; ¿A quién le importa los que les suceda a unos u a otros?: a nadie. 

Pero volvamos al capítulo, la batalla es grandiosa, tal vez no tan espectacular como la batalla del Gaznate que abrió la temporada pero tiene buenos momentos, como Caraxes abriendo la puerta principal como un si fuese un ariete, los Lobos Invernales trepando la muralla, Roddy abriéndose paso entre niños hasta alcanzar a Ormund Hightower y clavarle la esapada por el trasero con un brazo de menos. 

La noticia de que Aegon y su dragón  continúan vivos provoca en Rhaenyra algo más profundo que el miedo. Su supervivencia amenaza la narración que ella ha construido sobre sí misma. Aegon no necesita conquistar la capital: le basta con existir para que una parte del pueblo lo considere resucitado y favorecido por los dioses, como se lo recuerda el Septón Supremo antes de ser asesinado.

Quizás el mejor momento del capítulo a nivel simbólico esté en el suicidio de  Helaena. Prisionera, embarazada de Maelor (otro cambio respecto del libro) y utilizada como rehén, se arroja desde una ventana de la Fortaleza Roja. Antes deja terminada la tela que ha bordado durante toda la temporada: una profecía visual en la que aparecen su propia caída y Rhaenyra sentada en el Trono de Hierro, rodeada de sangre y fuego. El detalle de que ese bordado haya servido también como cabecera de la temporada convierte a Helaena en la silenciosa cronista de una historia que los demás personajes son incapaces de comprender. Precioso también el  plano de las mariposas alrededor de Alicent, tras la muerte de Helaena. Por cierto no es creible que Alicent en el episodio anterior hubiese querido envenenar a su hijo Aegon.

El final de esta temporada deja todo preparado para el desenlace de la serie en su cuarta y última entrega que probablemente se estrene en 2028. El gesto final de Rhaenyra lo resume todo. Contempla el tapiz profético de Helaena y, en lugar de intentar comprenderlo, lo deja caer y cierra la ventana. Ante la advertencia del futuro, elige no mirar. Es una conclusión magnífica por su frialdad. Rhaenyra cree haber aceptado su destino, cuando en realidad acaba de renunciar a cualquier posibilidad de escapar de él.

lunes, 6 de julio de 2026

Tercera temporada de "La Casa del Dragón": por fin empieza el espectáculo aunque llegue con retraso

La tercera temporada de La Casa del Dragón arranca ardiendo, y después de una segunda temporada irregular que se pasó ocho episodios colocando piezas en el tablero sin volcarlo, ver el tablero volcado es un alivio físico. La Batalla del Gaznate abre la temporada con una ambición visual que la serie no había alcanzado nunca: dragones despedazándose sobre una flota de la Triarquía, fuego griego, cuerpos, mástiles partidos, el mar convertido en un cementerio. Como puro espectáculo, es de lo mejor que se ha filmado sobre el universo de Juego de Tronos -y no exagero si digo que se cuela entre sus mejores secuencias bélicas y recordad que hay muchas-. 

Sin embargo,  en cuanto se apagan las llamas, conviene hacerse una pregunta, el espectáculo compensa lo ofrecido en la anterior temporada o solo lo tapa con un increíble alarde visual. Porque hay una trampa de origen que explica la propia sensación de arranque triunfal. La Batalla del Gaznate no estaba concebida como principio de nada: era el clímax previsto para el final de la segunda temporada. HBO recortó las entregas de diez a ocho episodios, y ese tijeretazo dejó a la temporada 2 terminando en un anticlímax y trasladó el gran estallido al pórtico de la tercera. Dicho de otro modo: lo que se siente como potencia inaugural es, en buena medida, una factura pendiente que por fin se paga. El episodio funciona, pero la cadencia suena rara por un motivo real. Este "principio" es, en verdad, el final que nos debían.

Eso pesa sobre la muerte de Jacaerys, que debería ser el gancho emocional de todo el arranque y que, en mi opinión, no termina de sentirse. El problema no es la colisión de dragones ni la lluvia de flechas: es que el guion se pasa medio combate convenciéndonos de que Jace se está metiendo él solito en la boca del lobo. Añádesele el cambio respecto a Fuego y sangre —en la serie, Jace ordena a la Guardia Real encerrar a Rhaenyra en sus aposentos para que no acuda a la batalla, algo que en el libro no ocurre; allí madre e hijo planean juntos— y así tendríamos una tragedia que llega precedida de irresponsabilidad, no de fatalidad. Compárase con la muerte de Luke al final de la primera temporada: aquello nos afectaba porque era un niño arrastrado por una corriente más grande que él, inevitable en cuanto se ponía en marcha. La de Jace me dejó más contrariado por cómo llegamos hasta ella que devastado por la pérdida. Resultó deslumbrante pero emocionalmente hueco.

El segundo episodio de de esta tercera temporada, me parece bastante mejor, y creo que no es casualidad: es el capítulo sin gran batalla. Aquí la serie respira, y al respirar demuestra algo que la Batalla del Gaznate  casi hacía olvidar: que La Casa del Dragón siempre ha sido mejor como partida de ajedrez que como epopeya bélica, sin despreciar su grandes escenas de acción. Rhaenyra, sacada del duelo a empujones por Daemon y por la profecía familiar, toma por fin Desembarco del Rey con la ayuda secreta de Alicent desde dentro, los capas doradas y los dragones de Ulf y Hugh. La capital cae casi sin resistencia y ella se sienta, al cabo de dos temporadas de rodeos, en el Trono de Hierro. Pero la victoria es sucia, y ahí está lo bueno: se le nota a Rhaenyra que Daemon es el poder detrás del trono, se le nota la vacilación —quiere perdonar la vida a Otto Hightower y luego el asunto se tuerce—, y la decapitación del padre de Alicent deja una mancha que ninguna corona limpia.

Es un episodio de texturas humanas, que es donde esta serie de verdad gana puntos. El reencuentro de Corlys con Alyn, con la promesa de legitimidad, tiene una calidez rara en un relato tan alérgico a la ternura, y refuerza esa impresión generalmente compartida de que este capítulo se parece mucho más al final que la segunda temporada nunca nos dio. Hasta se permite un respiro cómico con el dúo de Larys y Aegon huyendo por los caminos, aunque el tono chirríe un poco: la serie es tan sombría que, cuando bromea, se le ven las costuras. Y en Harrenhal, Aemond arrasa con una resistencia mínima y se lleva por delante al bueno de  Simon Strong, el senescal que en la temporada anterior era el único rayo de luz. Duele perderlo, y duele sobre todo porque confirma la política de la casa: aquí lo que alegra, se quema.

Llegamos así al reverso de la moneda, al precio de toda esta velocidad. El mismo empuje que cura el estatismo de la segunda temporada genera un problema nuevo: no hay aire para procesar nada. El duelo de Rhaenyra por Jace, el mazazo de la ejecución de Otto: acontecimientos que deberían dejarnos temblando pasan a toda prisa porque la serie ya corre hacia el siguiente hito. Y en esa carrera, personajes que la segunda temporada había cargado de sentido quedan reducidos a simple mobiliario: Criston Cole es prácticamente atrezzo, y hasta motores del conflicto como Daemon, Aemond o el propio Aegon funcionan a ratos como secundarios de lujo. Olivia Cooke tiene una Alicent fracturada, riquísima, a la que apenas dejan bajar al sótano de su psique. Se salva, y con nota, Emma D'Arcy, que sostiene el arranque con una fragilidad nueva y que a estas alturas me parece una candidata seria a un Emmy: cuando todo lo demás va demasiado deprisa, su rostro es el ancla. El tercer episodio, con Rhaenyra en el Trono de Hierro, nos demuestra, una vez más, que a menudo es más fácil conquistar que gobernar.

Hay en definitiva un salto de calidad enorme respecto a una segunda temporada irregular en todos los frentes, y como experiencia es adictiva, imponente, de una ambición que agradezco después de tanta espera. Pero conviene no confundir el vértigo con la profundidad. El espectáculo que nos deslumbra viene en parte prestado de un final aplazado, y la velocidad que arregla el aburrimiento se lleva por delante el tiempo que las muertes necesitan para pesar. La tercera temporada ha vuelto a encender el fuego, sí. La verdadera prueba —la que decidirá si esto es una gran temporada o solo una temporada espectacular— será si, en algún momento, se atreve a frenar lo suficiente para que ese fuego queme de verdad y no solo ilumine. Por lo que se intuye en estos tres episodios, tengo motivos para el optimismo. Espero no equivocarme.

Termina la 4ª temporada de "From", sin apenas margen para descubrirnos todos sus misterios en la 5ª. Influencias de otras series

Hay una imagen en el episodio final de la temporada que resume el enfrentamiento final entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad que nos espera en la quinta y última temporada de la serie: Sophia, que en realidad es el Hombre de Amarillo, camina tranquila por el bosque con una bolsa llena de talismanes robados, se cruza con el Niño de Blanco y, cuando este le avisa de que "esta vez vas a perder", ella se limita a sonreír y vaciar la bolsa dentro del Árbol Lejano. El pueblo entero se queda sin su red de seguridad y nadie se ha enterado. No es un simple gesto sin importancia,  es la demolición del statu quo al que nos habíamos acostumbrado. En la quinta el pueblo descubrirá que no tiene barrera con que defenderse.

La cuarta temporada de "From" sigue teniendo el mismo problema que temporadas anteriores: capítulos que avanzan con lentitud y desaprovechamiento de personajes: Donna, Ethan, Julie hasta el capítulo final en que todo se apresura y se amontona. Si a esto le sumamos que cada vez tardan más las series en sacar sus temporadas, empezamos a temernos lo peor, una buena serie que promete más de lo que ofrece y que corre el riesgo de dejar sin responder sus muchas incógnitas.

Hechas estas necesarias conservaciones, el último capítulo, ha tenido algunas de las escenas más icónicas de la serie y que por momentos me ha hecho reflexionar sobre sus muchas y variadas influencias. Asi tras la demolición del árbol hueco, el árbol de las botellas, la oscuridad cae sobre este universo, tiembla la tierra, la luz rojiza rasga el cielo entre relámpagos continuos mientras las criaturas monstruosas campan por sus anchas. Fátima se transforma en otra monstruosa criatura, conectada con la mente colmena de las criaturas pero que en esta ocasión sirve para salvar a nuestros amigos. Que la criatura sonriente "Smiley" la llame "madre" justo antes de matar a Marielle cierra el círculo con una crueldad muy bien medida. 

Cuando veo al Hombre de Amarillo convertirse en Sophia no puedo por menos que acordarme de "Fringe" y sus cambia formas. Que pueda adoptar la forma de vecinos muertos —lo descubre el pobre Elgin con una vieja fotografía, y le cuesta la vida— reactiva el mismo motor de horror que hacía funcionar a los cambiantes de "Fringe": la paranoia del impostor, la sospecha de que quien tienes al lado ya no es quien dice ser, que la cara conocida es una trampa. Y la tormenta eléctrica, la anomalía atmosférica, el día que se hace noche de golpe es difícil no leerlo con la gramática de "Fringe", esa idea de que cuando la realidad se rompe lo primero que falla es el cielo, el campo electromagnético, el orden físico de las cosas. El pueblo de "From" es, en el fondo, una anomalía sellada, un pueblo-trampa donde las leyes del mundo están corrompidas, ya comenté en otra entrada que el pueblo de "From" me recordaba al capítulo "Bienvenido a Westfield" de "Fringe".Y el esqueleto de la serie es también de otra serie de la casa, ahi está el guionista y productor Jeff Pinkner de "Fringe" y junto a Jack Bender de "Perdidos", sin olvidar a Harold Perrinau, el sherriff Boyd Stevens que interpretó a Michael Dawnson en "Perdidos".

El Hombre de Amarillo y el Niño de Blanco son Jacob y el Hombre de Negro con otro vestuario: dos entidades enfrentadas dentro del lugar, una que corrompe y perpetúa el ciclo de violencia y otra, aparentemente benévola, que guía a los elegidos —a Victor de niño, quizá a Boyd a través de la aparición del padre Khatri—. La deuda con "Perdidos" está como en dicho en el equipo de producción y en el modo de plantear el misterio: la isla convertida en pueblo, el "estamos atrapados y esto tiene reglas", la mitología como caja de puzles. Lo cual trae también la advertencia de "Perdidos": el peligro de prometer un tablero cósmico que luego no se sabe cerrar. "From" está justo en ese filo. Que el final de la cuarta temporada por fin enseñe el marco del conflicto —dos fuerzas, una partida larga— es tranquilizador; pero que lo enseñe ahora, a una temporada del final, da un poco de vértigo. La cuarta temporada es irregular, sí, pero cierra con una de sus mejores horas y deja el terreno abonado para una quinta y última entrega que, por primera vez en mucho tiempo, no tendrá margen para equivocarse. En este sentido "Fringe" funcionaba como un reloj, sabía alternar su mitología con una disciplina de ritmo. "From" tiene la atmósfera y tiene el misterio pero le falta esa disciplina. Cuando la encuentra —y el final demuestra que puede— es tan buena como cualquiera de sus referentes.

Se inicia la tercera temporada de "Silo" con dos escenarios: Nada es lo que parece y el viaje al origen de los silos

El día 3 se estrenó la tercera temporada de "Silo" una magnífica serie distópica de ciencia ficción que ha empezado la temporada con un cambio total de registro. Después de dos temporadas preguntándonos qué es lo que hay fuera del silo, ahora la pregunta es qué está sucediendo en realidad en las altas esferas del poder del Silo tras  la muerte de Bernard que se produjo al final de la temporada anterior y que ha aupado a nuestra carismática protagonista Juliette a la alcaldía del silo. Juliette vuelve convertida en alcaldesa pero sin memoria, y el episodio revela dos cosas que nos dan muy mala espina:  Sims mató a Bernard (que sobrevivió al fuego) y a Juliette la están drogando para que no recuerde nada. Quien controla el pasado controla el presente. 

Juliette se mueve entre la aparente protección del actual establishement que la utiliza como símbolo en su afán de seguir controlando los destinos del silo y la desconfianza de sus antiguos camaradas que no se fían de lo que realmente está pasando con una Juliette amnésica. Sin olvidar lo que ya descubrimos en la temporada anterior: el Safeguard, la salvaguarda, un veneno en las esclusas capaz de arrasar a toda la población de un silo que quiera escapar y el poder que hay detrás del poder, o sea detrás del Consejo, La Voz, El Algoritmo.

Al mismo tiempo, asistimos a una segunda línea temporal,  el Washington preapocalíptico, 353 años atrás,  con la periodista y el congresista Keene, la bomba sucia y  los orígenes de los silos. Pero aquí hay un peligro y es el de diluir la tensión de la trama principal. La trama de los orígenes  de los silos carece de la urgencia del thriller de supervivencia. El inicio me parece de los mejores de la serie a nivel de atmósfera e idea, pero la amnesia es un arma de doble filo  y el salto al pasado es un riesgo que puede desinflar la tensión. 

Al margen de esta consideración general hay tres hilos de los que hay que tirar: los mensajes cifrados que empieza a recibir Juliette de alguien anónimo —mientras unos la drogan, otros intentan devolverle la verdad-,  el grupo enmascarado que asalta una planta y desaparece sin dejar rastro, que sugiere que el "orden restaurado" que vende Sims en el consejo es puro decorado; y sobre todo ese objeto que enlaza las dos épocas, el dispensador Pez con forma de pato, que es la costura entre el silo y el Washington pre-apocalíptico. Ese dispensador es la prueba material de que las dos líneas son la misma historia: la verdad escondida en lo cotidiano.

domingo, 7 de junio de 2026

"Mickey 17" una interesante película que mezcla demasiadas cosas: comedia negra, sátira social, fábula política y no siempre acierta

Acabo de ver la película Mickey 17 y me ha dejado sentimientos contradictorios. Es una película fascinante de ciencia ficción  que te atrapa por  su brutal premisa argumental. El protagonista, Mickey Barnes huye de unos prestamistas firmando el contrato más siniestro imaginable: convertirse en un "prescindible", un obrero de alto riesgo al que reimprimen con la memoria intacta cada vez que muere durante la colonización de un planeta helado. Y lo hace un montón  de veces de las  maneras más extremas posibles.

Robert Pattison sostiene el solito buena parte de la película. Su personaje no es un héroe ni un mártir. Es a menudo torpe, vulnerable, a veces parece que hasta "le falta un hervor". Es un pobre diablo que lanzan al espacio una y otra vez, triturado por una maquinaria que lo necesita vivo solo para poder matarlo de nuevo. La premisa, como he dicho, es brutal y la película se convierte en una extraña mezcla de ciencia ficción, sátira social (una durísima critica contra la explotación laboral, el capitalismo y las jerarquías que machacan al de abajo), fábula  política (el villano se sitúa a caballo entre un Trump y un Musssolini ridículo) y la comedia negra. 

El  problema es que quiere ser demasiadas cosas a la vez y eso la hace a veces irregular o desigual  e imperfecta. La  sátira aparece a veces demasiado marcada, con trazos gruesos. Lo mejor es la interpretación de Pattison y sus diferentes versiones de si mismo, cada clon con su propia personalidad. El tono  inocentón de Mickey 17 contrasta con la crueldad del sistema. La película plantea algunas interesantes preguntas como  ¿Qué vale una vida cuando puede ser repetida? o ¿Sigue siendo asesinato matar a alguien que puede volver? En un mundo que convierte a las personas en recursos, quizá la verdadera rebelión empiece por negarse a ser reemplazable.

La película dirigida por Bong Joon Ho, autor de otros trabajos famosos  como la multipremiada "Parásitos", "The host", "Snowpiercer", está basada en la novela Mickey7, de Edward Ashton, con un reparto que incluye además de a Pattison a  Naomi Ackie, Steven Yeun, Toni Collette y Mark Ruffalo. En cualquier caso y a pesar de sus excesos es una película valiente, notable,  estimulante, extraña y con momentos inolvidables que se te quedan impresos durante largo tiempo en la retina. En definitiva y a pesar de sus fallos y desequilibrios es una película a tener muy en cuenta.

sábado, 30 de mayo de 2026

"Algo terrible está a punto de suceder", una original serie que combina con destreza el terror y la comedia negra

La serie sigue a la pareja Rachel (Camila Morrone) y Nicky (Adam DiMarco) mientras se preparan para casarse en la cabaña familiar de él, en medio del bosque, un escenario que desde el primer instante transmite una incomodidad difícil de definir. Creada por Haley Z. Boston y producida ejecutivamente como la anterior, "Los Buroughs" por los hermanos Duffer a través de su productora Upside Down Pictures, cuenta además en el reparto con Jennifer Jason Leigh, Ted Levine y Jeff Wilbusch, si bien el protagonismo de la Morrone es absoluto. Puede decirse que ella solita sostiene prácticamente casi toda la serie.

Tanto narrativa como visualmente, el nivel de inquietud y presagio la acerca a clásicos del folk horror  como The Wicker Man (1973) o a  obras contemporáneas como Get Out "Dejame salir" (2017). Prescinde de los sustos fáciles y el  gore en favor de una narración centrada en los personajes y en la atmósfera. El cine de Lynch es otra de sus influencias más claras, con sus imagenes perturbadoras y  sus giros de guión. El terror puede no estar solo en la oscuridad de la noche o en un bar solitario de carretera sino en la cama matrimonial. 

La cámara sigue a Rachel de un modo que hace que el entorno resulte extraño aunque no cambie físicamente, creando una sensación de encierro sin mostrar nada obvio. A veces el encuadre queda un poco descentrado, lo que añade la sensación de que las cosas no están en equilibrio. La iluminación es tenue  manteniendo partes de las escenas en sombra. No se trata de mostrar todo con claridad, sino de construir un estado de ánimo inquietante. La atmósfera de terror  crece poco a poco, dejándote en una permanente situación de incomodidad de forma  que  hace bueno el título  de que "algo terrible está a punto de suceder". La soledad de la protagonista en  la cabaña del bosque con esa familia siniestra la hacen tremendamente claustrofóbica. El matrimonio no se presenta como una sueño con final feliz sino como algo más pesado, impredecible y terrible. La serie muestra a qué pueden renunciar las personas por una relación, y si esas elecciones merecen siempre la pena. El viaje de Rachel refleja esa tensión: parece insegura ante las señales, pero sigue impertérrita,  adelante, de todas formas, como mucha gente cuando siente la presión de seguir un camino determinado.

Merece la pena detenerse en su aspecto musical, donde la serie es extraordinariamente rica, con canciones de autores que van  desde Johnny Cash y Animal Collective hasta Martha Wainwright, con canciones o melodías  episodio a episodio como What A Pretty Bride You'll Be, Chapel Of Love de The Dixie Cups, Deadly Valentine de Charlotte Gainsbourg, o Love Potion No. 9 de The Clovers, o el Canon en Re de Johan Pachelbel, esta última mezclando celebración y solemnidad en su momento más oscuro. El motivo recurrente de toda la temporada es la inolvidable  You Are My Destiny de Paul Anka, que funciona como una amenaza dulcificada que regresa a cada momento cargada cada vez más de significado siniestro. La lógica musical es la misma que la temática: canciones nupciales y románticas de los años 50 y 60 —el imaginario más inocente del amor y el matrimonio— usadas para envolver una historia de horror.

Su creadora  Haley Z. Boston combina horror y comedia negra con  destreza a pesar de que la serie tarda varios episodios en encontrar su rumbo, lo que puede desesperar a quienes esperaban una escalada de tensión  desde el principio. Es una de las mejores series de terror psicológico que ha dado Netflix en años. Más cercana a Ari Aster o a Lynch que al  Spielberg de Stranger Things, Algo terrible está apunto de suceder demuestra que hay vida y horror adulto más allá de las criaturas del Mundo al Reves. Francamente recomendable para los que gusten de un terror diferente.

viernes, 29 de mayo de 2026

"The Boroughs" la nueva serie de los Duffer protagonizada por viejas glorias de Hollywood con grandes influencias del fantástico de los 80

 

En las dos próximas entradas analizaré dos series producidas por los hermanos Duffer, autores de la icónica, -es parte ya de la historia de la televisión-,"Stranger Things". La primera de ella que acabé de ver esta semana es The Boroughs. Gira en torno a los residentes de una idílica comunidad de jubilados  en el desierto de Nuevo México, cuando un recién llegado, Sam, comienza a sospechar que el lugar esconde algo oscuro tras un aterrador encuentro nocturno. Junto a sus vecinos, un curioso y heterogéneo grupo: una ex-manager musical, un médico gay y una pareja de color, emprenderá la búsqueda de la verdad que pondrá en peligro sus propias vidas. A mi particularmente, y a pesar de algunos problemas iniciales de ritmo, me ha gustado.

Si "Stranger Things" tenía un montón de influencias que enumeré en su momento, en la correspondiente entrada del blog, está no se puede despachar como ha hecho injustamente algún crítico indocumentado calificándola como un "Strangers Things" de ancianos, y sustituyendo, siendo muy bestia,  las bicicletas por andadores. No, The Boroughs nos trae recuerdos del cine de Joe Dante con su "Gremlins" o "The burbs" y de la mejor serie B de los años 80 y 90, a diferencia de "Strangers Things" donde las influencias de Spielberg y Stephen King eran las más evidentes. Incluso si me apuras el argumento podría haber aparecido en cualquiera de aquellas antologías televisivas míticas para el fandom del género como son "Más allá de límite" o "La Dimensión Desconocida". Por supuesto un  nombre de película que nos viene a la cabeza por afinidad con la serie es "Cocoon", aunque argumentalmente no tengan nada que ver más allá de ser protagonizadas ambas por personas mayores y también existir una entidad alienígena de por medio.

Por supuesto, estando los hermanos Duffer detrás del proyecto hacen que ambas series, ésta y la que les ha dado fama y dinero, formen parte de un mismo imaginario audiovisual compartido por esa generación de jóvenes, la mía que disfrutamos de ese cine ochentero. Por supuesto que hay un giro generacional. Si en "Strangers Things" veíamos a un grupo de niños que descubrían el mundo, en The Boroughs, son un grupo de personas mayores  que han sufrido  pérdidas como la muerte de la esposa o que viven diferentes situaciones: enfermedades, viejos amores, oportunidades perdidas, achaques o recuerdos que empiezan a deteriorarse. 

Si bien una lectura superficial puede hacer pensar que el diseño visual tan pulido, tan perfecto,  puede trabajar en contra de la atmósfera de terror y eso es parcialmente cierto, no menos cierto es que el pueblo tan perfecto es como veremos una trampa, una ilusión de perfección. Su estética de comunidad perfecta nos retrotraen a películas como The Stepford Wives (1975), Pleasantville (1998) o  The Truman Show (1998).

La revelación central —que los fundadores de la comunidad explotan a una entidad alienígena que llaman "la Madre" para preservar su juventud y extender artificialmente sus vidas— es el concepto más inspirado de la serie. La Madre salió de un huevo alienígena antiguo descubierto en una mina de en los años 40. Los fundadores de la comunidad la encontraron enterrada bajo el terreno donde luego construirían The Boroughs. Su sangre metabolizada mantiene jóvenes a la pareja fundadora y a su personal. El precio, sin embargo, lo pagan los ancianos residentes: los hijos de "La madre" drenan fluido cerebral de los jubilados mientras duermen, acortando su vida. La Madre no experimenta el tiempo de forma lineal, lo que le permite comunicarse con personas, por ejemplo con demencia o deterioro cognitivo cuyas mentes están "perdidas en el tiempo". La Madre es una entidad alienígena con una percepción no lineal del tiempo, prisionera y explotada como fuente de inmortalidad, que resulta ser más víctima que monstruo y que paradójicamente desea morir. Un concepto bastante más rico  e interesante de lo que la premisa inicial sugería.

Resulta esclarecedora y chocante como los villanos Blaine y Anneliese adquieren cualidades monstruosas por toda la sangre que han bebido, mientras la Madre, el monstruo,  adquiere cualidades humanas por todo el fluido cerebral con que la han alimentado apareciendo no como una criatura grotesca  sino como una figura anciana de pelo blanco que parece casi humana. Eres lo que comes.

Al margen de su trama fanta-terrorífica, la serie critica el trato de la sociedad a las personas mayores pues  el mundo deja de escucharlas mucho antes de que desaparezcan realmente de este mundo. También habla de aprender a seguir viviendo después de la pérdida, como en el caso de Sam y su mujer,  fallecida tras un infarto fulminante. Buenas interpretaciones de un magnífico ramilletes de actores como Alfred Molina, Geena Davis, Alfre Woodard, Denis O'Hare, Clarke Peters, Bill Pullman que muestran su edad, sus canas y sus arrugas  con enorme dignidad.

El único "pero" de la serie es, como he dicho, cierto problema de ritmo en su tramo central: los personajes pasan demasiado tiempo descubriendo información que el espectador ya ha deducido, creando la frustrante sensación de que la historia va por detrás de su audiencia. Las escenas individuales se sostienen gracias a las actuaciones, pero la historia pierde parte de su impulso inicial. Es, no obstante,  una serie que vale la pena.