Hay una imagen en el episodio final de la temporada que resume el enfrentamiento final entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad que nos espera en la quinta y última temporada de la serie: Sophia, que en realidad es el Hombre de Amarillo, camina tranquila por el bosque con una bolsa llena de talismanes robados, se cruza con el Niño de Blanco y, cuando este le avisa de que "esta vez vas a perder", ella se limita a sonreír y vaciar la bolsa dentro del Árbol Lejano. El pueblo entero se queda sin su red de seguridad y nadie se ha enterado. No es un simple gesto sin importancia, es la demolición del statu quo al que nos habíamos acostumbrado. En la quinta el pueblo descubrirá que no tiene barrera con que defenderse.
La cuarta temporada de "From" sigue teniendo el mismo problema que temporadas anteriores: capítulos que avanzan con lentitud y desaprovechamiento de personajes: Donna, Ethan, Julie hasta el capítulo final en que todo se apresura y se amontona. Si a esto le sumamos que cada vez tardan más las series en sacar sus temporadas, empezamos a temernos lo peor, una buena serie que promete más de lo que ofrece y que corre el riesgo de dejar sin responder sus muchas incógnitas.
Hechas estas necesarias conservaciones, el último capítulo, ha tenido algunas de las escenas más icónicas de la serie y que por momentos me ha hecho reflexionar sobre sus muchas y variadas influencias. Asi tras la demolición del árbol hueco, el árbol de las botellas, la oscuridad cae sobre este universo, tiembla la tierra, la luz rojiza rasga el cielo entre relámpagos continuos mientras las criaturas monstruosas campan por sus anchas. Fátima se transforma en otra monstruosa criatura, conectada con la mente colmena de las criaturas pero que en esta ocasión sirve para salvar a nuestros amigos. Que la criatura sonriente "Smiley" la llame "madre" justo antes de matar a Marielle cierra el círculo con una crueldad muy bien medida.
Cuando veo al Hombre de Amarillo convertirse en Sophia no puedo por menos que acordarme de "Fringe" y sus cambia formas. Que pueda adoptar la forma de vecinos muertos —lo descubre el pobre Elgin con una vieja fotografía, y le cuesta la vida— reactiva el mismo motor de horror que hacía funcionar a los cambiantes de "Fringe": la paranoia del impostor, la sospecha de que quien tienes al lado ya no es quien dice ser, que la cara conocida es una trampa. Y la tormenta eléctrica, la anomalía atmosférica, el día que se hace noche de golpe es difícil no leerlo con la gramática de "Fringe", esa idea de que cuando la realidad se rompe lo primero que falla es el cielo, el campo electromagnético, el orden físico de las cosas. El pueblo de "From" es, en el fondo, una anomalía sellada, un pueblo-trampa donde las leyes del mundo están corrompidas, ya comenté en otra entrada que el pueblo de "From" me recordaba al capítulo "Bienvenido a Westfield" de "Fringe".Y el esqueleto de la serie es también de otra serie de la casa, ahi está el guionista y productor Jeff Pinkner de "Fringe" y junto a Jack Bender de "Perdidos", sin olvidar a Harold Perrinau, el sherriff Boyd Stevens que interpretó a Michael Dawnson en "Perdidos".
El Hombre de Amarillo y el Niño de Blanco son Jacob y el Hombre de Negro con otro vestuario: dos entidades enfrentadas dentro del lugar, una que corrompe y perpetúa el ciclo de violencia y otra, aparentemente benévola, que guía a los elegidos —a Victor de niño, quizá a Boyd a través de la aparición del padre Khatri—. La deuda con "Perdidos" está como en dicho en el equipo de producción y en el modo de plantear el misterio: la isla convertida en pueblo, el "estamos atrapados y esto tiene reglas", la mitología como caja de puzles. Lo cual trae también la advertencia de "Perdidos": el peligro de prometer un tablero cósmico que luego no se sabe cerrar. "From" está justo en ese filo. Que el final de la cuarta temporada por fin enseñe el marco del conflicto —dos fuerzas, una partida larga— es tranquilizador; pero que lo enseñe ahora, a una temporada del final, da un poco de vértigo. La cuarta temporada es irregular, sí, pero cierra con una de sus mejores horas y deja el terreno abonado para una quinta y última entrega que, por primera vez en mucho tiempo, no tendrá margen para equivocarse. En este sentido "Fringe" funcionaba como un reloj, sabía alternar su mitología con una disciplina de ritmo. "From" tiene la atmósfera y tiene el misterio pero le falta esa disciplina. Cuando la encuentra —y el final demuestra que puede— es tan buena como cualquiera de sus referentes.




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