sábado, 15 de agosto de 2026

Finaliza la tercera temporada de "La Casa de dragón": Cuando parece que todos son villanos

Aunque lo que voy a decir parece que podría pecar de cierta simplificación, no lo es. En casi todos los relatos fílmicos nos encontramos con unos personajes que ejercen el liderazgo moral, generalmente los protagonistas con los que el espectador se identifica, vamos los héroes de la historia. Enfrente se encuentran los antagonistas, esforzándose en amargarle la vida al héroe o heroína  con sus múltiples tropelías, es el papel destinado a los villanos. No voy a decir que el héroe  deba ser un santo, de hecho son mucho más atractivos los personales   ambiguos, poliédricos,  con luces y sombras que los personajes planos. Incluso el protagonista puede llegar a  ser un antihéroe y seguir siendo atractivo para el espectador. 

Lo que resulta difícil de entender es como los responsables de algunas series con gran proyección mediática y social como puede ser  esta de La Casa del Dragón o su antecesora Juego de Tronos, juegan con nosotros y convierten de forma precipitada a personajes, con los que inicialmente se pretende que empatice el espectador,  en locos o villanos. Pasó con Danerys Targaryen, después de un montón de temporadas,  en Juego de Tronos,  y está sucediendo con Rhaenyra Targaryen en La casa de Dragón. Parece ser que una vez más la serie no ha seguido en algunos aspectos, bastantes más de los que cabría esperar, el argumento del libro y el devenir de sus personajes, cambiando algunas tramas. No dudo, y no he leído el libro, que los personajes principales de los libros seguramente tendrán muchos más matices  que los vistos en la serie o al menos un recorrido y unas razones que justifiquen su evolución.

El último capítulo de la temporada, uno de los más largos, se centra sobre todo en la primera batalla de Ladera o Tumbleton. La batalla tiene múltiples diferencias en el libro respecto de la serie. En el libro Ladera se convierte en el último bastión de los Negros para defender Desembarco del Rey  ante el avance de los Hightower. Aquí es al revés, Ormund Hightower se parapeta en la ciudad y es Rhaenyra la que tiene que hacer el esfuerzo para recuperarla. En los dos casos se produce la traición de la "semillas de dragón" Ulf el Blanco y Hugh Martillo,  pero mientras en el libro traicionan a Rhaenyra movidos por el ansia de poder y la codicia,  en la serie Ulf termina volviéndose contra los dos bandos, incinerando al ejercito del norte y luego a la ciudad que había sido tomada por los Verdes. Hugh Martillo todavía no ha traicionado a nadie. Por otra parte en el libro Daemon no participa en la batalla al contrario que en la serie. 

Cuales son las mejores soluciones creativas: ¿las de la serie o las del libro?. Pues en este caso de la batalla tengo mis dudas pero hubiera tenido mayor sentido trágico la traición desde dentro de los "semillas de dragón" que un ataque desde fuera contra tirios y troyanos, como sucede en la serie. Tumbleton se convierte  en la antítesis de la batalla heróica: no hay gloria, solo humo, cuerpos abrasados y hombres que avanzan porque ya no saben hacer otra cosa.  La ironía más corrosiva del episodio está precisamente en el citado Ulf. Toda la ideología Targaryen descansaba sobre la supuesta excepcionalidad de quienes podían montar un dragón para justificar su casi derecho divino al trono. Pero el dragón Silverwing eligió  a un hombre vulgar, caprichoso y fácilmente manipulable. Si los dragones constituyen una prueba de legitimidad divina, los dioses de Valyria tienen un sentido del humor bastante raro. Rhaenyra ha entregado un arma de destrucción masiva a alguien cuya lealtad dependía del vino, los halagos y de que lo trataran como a un señor. La traición de Ulf no es solo militar: destruye desde dentro el mito sobre el que la reina pretende levantar su poder.

En el libro Rhaenyra se convierte en una reina autoritaria mientras en la serie aparece como una mujer al que parece asistirle la legitimidad, al menos asi nos lo presentan desde la primera temporada, pero que cuando toma el poder se ve sobrepasada por las circunstancias. También hay diferencias en el rol de Helaena y en la relación entre  los hermanos Aemond y Aegon Targaryen. No se puede entender bien el viraje moral de Rhaenyra que se debería haber cocido a fuego lento a lo largo de las temporadas anteriores. Como pasó con Danerys en Juego de Tronos la velocidad con que la convierten de heroína en villana, por ejemplo ordenando ejecutar al Septón Supremo por negarse a ungirla como reina no hace creíble su personaje que deriva en un incomprensible mesianismo, sobre todo cuando en las dos temporadas anteriores su personaje había oscilado casi siempre entre la indecisión y la prudencia. Y si al final todos, negros y verdes son malos y villanos, ¿Con quién se identifica el espectador?: con nadie; ¿A quién le importa los que les suceda a unos u a otros?: a nadie. 

Pero volvamos al capítulo, la batalla es grandiosa, tal vez no tan espectacular como la batalla del Gaznate que abrió la temporada pero tiene buenos momentos, como Caraxes abriendo la puerta principal como un si fuese un ariete, los Lobos Invernales trepando la muralla, Roddy abriéndose paso entre niños hasta alcanzar a Ormund Hightower y clavarle la esapada por el trasero con un brazo de menos. 

La noticia de que Aegon y su dragón  continúan vivos provoca en Rhaenyra algo más profundo que el miedo. Su supervivencia amenaza la narración que ella ha construido sobre sí misma. Aegon no necesita conquistar la capital: le basta con existir para que una parte del pueblo lo considere resucitado y favorecido por los dioses, como se lo recuerda el Septón Supremo antes de ser asesinado.

Quizás el mejor momento del capítulo a nivel simbólico esté en el suicidio de  Helaena. Prisionera, embarazada de Maelor (otro cambio respecto del libro) y utilizada como rehén, se arroja desde una ventana de la Fortaleza Roja. Antes deja terminada la tela que ha bordado durante toda la temporada: una profecía visual en la que aparecen su propia caída y Rhaenyra sentada en el Trono de Hierro, rodeada de sangre y fuego. El detalle de que ese bordado haya servido también como cabecera de la temporada convierte a Helaena en la silenciosa cronista de una historia que los demás personajes son incapaces de comprender. Precioso también el  plano de las mariposas alrededor de Alicent, tras la muerte de Helaena. Por cierto no es creible que Alicent en el episodio anterior hubiese querido envenenar a su hijo Aegon.

El final de esta temporada deja todo preparado para el desenlace de la serie en su cuarta y última entrega que probablemente se estrene en 2028. El gesto final de Rhaenyra lo resume todo. Contempla el tapiz profético de Helaena y, en lugar de intentar comprenderlo, lo deja caer y cierra la ventana. Ante la advertencia del futuro, elige no mirar. Es una conclusión magnífica por su frialdad. Rhaenyra cree haber aceptado su destino, cuando en realidad acaba de renunciar a cualquier posibilidad de escapar de él.