domingo, 17 de mayo de 2026

"Monarch: El legado de los monstruos", una serie que gana cuando mira a los monstruos desde lo humano

 
 
Monarch: El legado de los monstruos cerró hace un par de semanas su segunda temporada consolidándose como una de las propuestas más interesantes del "monsterverse televisivo" y de la plataforma Apple TV junto a su otra serie "Fundación".
 
1ª temporada: el secreto familiar bajo la sombra de Godzilla
 
La primera temporada arrancaba después de los acontecimientos de Godzilla acaecidos en  2014. Cate Randa, superviviente del ataque de San Francisco, viaja a Japón tras la desaparición de su padre, Hiroshi. Allí descubre que su vida familiar era mucho más compleja de lo que imaginaba: su padre tenía otra familia secreta, otro hijo —Kentaro— y una vinculación directa con la corporación Monarch, la organización secreta dedicada a investigar a los titanes. El gran acierto de esa primera temporada es que no se limita a enseñar a los titanes. Los usa como telón de fondo para contar una historia de secretos familiares que pasan de una generación a otra. Así les sucede a Cate, Kentaro y en otro orden de cosas a Lee Shaw. La serie alterna dos líneas temporales: la del presente, con Cate, Kentaro y May siguiendo las pistas de Hiroshi; y la del pasado, con Keiko, Bill Randa y Lee Shaw en los años cincuenta, cuando Monarch empieza a tomar forma como proyecto militar y científico. El tramo final lleva la historia hacia el Axis Mundi, ese espacio entre mundos donde el tiempo  se ralentiza (un día dentro puede suponer un año fuera),  y donde la serie conecta de forma directa con la mitología de la Tierra Hueca. Al final descubrimos que Keiko sigue viva, para ella ha pasado muy poco tiempo, para los demás muchas décadas, y los personajes acaban en Isla Calavera, con Kong como presencia decisiva en el horizonte. 
 
2ª temporada: Kong, el Titan X y el peso del legado

En la segunda temporada el futuro del mundo está nuevamente en juego, y reune a héroes y villanos (los de la corporación Apex) en Isla Calavera y posteriormente en una misteriosa aldea del sur de Chile vinculada a un titán mítico que emerge del mar, el Titán X, una fuerza casi mitológica con un poder de consecuencias catastróficas. Además de este titán tienen también mayor  presencia que en la primera temporada Kong y Godzilla. En esta temporada hay por lo tanto más monstruos y más espectáculo, pero no se abandona el drama íntimo. La temporada profundiza en Keiko, en Lee, en la familia Randa y en la idea de que Monarch no es únicamente una organización científica o gubernamental, sino una herencia familiar llena de sacrificios, errores y decisiones controvertidas y contradictorias.

El Titan X funciona muy bien porque no sólo es un nuevo monstruo. Tiene misterio, dimensión emocional y una relación especial con Cate, lo que hace que la temporada no dependa únicamente de la destrucción o del combate de estos monstruos. Y es que hay una pregunta que tenemos que hacernos: ¿y si algunos titanes no fueran solo amenazas, sino seres desplazados, perdidos, confundidos, arrancados de su propio universo? Esa idea le da a la serie un tono más melancólico y trágico. El final de temporada ofrece el esperado enfrentamiento entre Kong y Titan X, pero no se queda en la pelea. El cierre combina acción, emoción y  una despedida especial entre Cate y el Titan X, además de dejar encaminada una nueva etapa de Monarch, casi una “Monarch 2.0”, con Cate, Keiko, May y Tim como núcleo de una organización más pequeña, más humana y más cercana a la investigación directa. 

Una serie que tiene todavía recorrido

Monarch tiene algo que no siempre consigue el cine del MonsterVerse: una escala humana dentro de una mitología enorme. Uno de sus mayores aciertos es el reparto. Kurt Russell y su hijo Wyatt Russell dan una continuidad muy especial al personaje de Lee Shaw; muestra cómo el tiempo transforma a un mismo hombre sin borrarle del todo la mirada. Anna Sawai aporta a Cate una mezcla de fragilidad y determinación que hace creíble su evolución. Y Mari Yamamoto, como Keiko, se convierte en una de las grandes columnas emocionales de la serie. La serie habla de padres desaparecidos, hijos que heredan secretos, científicos que creen estar salvando el mundo y terminan malogrando su propia vida.  Monarch es más que una simple serie de monstruos. Es aventura, sí, pero también es melodrama familiar, ciencia ficción, conspiración institucional y un relato de duelo.

Visualmente, la segunda temporada mejora: la Isla Calavera, las grietas o portales, el mundo intermedio, las apariciones de Kong y del Titan X: ofrecen  una presencia espectacular pero el espectáculo no devora  a los personajes. En el último capítulo, por ejemplo, el combate importa, pero emociona más la despedida, la mirada entre Cate y Titan X, la sensación de que incluso una criatura colosal puede estar buscando como volver a casa. No es una serie perfecta. A veces se toma demasiado tiempo en tramas secundarias. Los monstruos más interesantes no son los que destruyen ciudades, sino los que obligan a los personajes a mirar lo que llevan dentro.

Monarch: El legado de los monstruos nos cuenta una historia cada vez más sólida, más emotiva y más consciente de su identidad. La primera temporada construye el misterio; la segunda lo expande con más ambición y con mejores momentos de espectáculo. Y, sobre todo, deja la sensación de que esta serie todavía tiene recorrido. Porque bajo los rugidos, las grietas dimensionales y las pisadas de Kong, lo que late es la historia de una familia. Y eso, curiosamente, es lo que hace que los monstruos parezcan más grandes.


 

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