
La
serie sigue a la pareja Rachel (Camila Morrone) y Nicky (Adam DiMarco)
mientras se preparan para casarse en la cabaña familiar de él, en medio
del bosque, un escenario que desde el primer instante transmite una
incomodidad difícil de definir. Creada por Haley Z. Boston y producida
ejecutivamente como la anterior, "Los Buroughs" por los hermanos Duffer a través de su productora Upside Down Pictures,
cuenta además en el reparto con Jennifer Jason Leigh, Ted Levine y Jeff
Wilbusch, si bien el protagonismo de la Morrone es absoluto. Puede decirse que ella solita sostiene prácticamente casi toda la serie.
Tanto narrativa como visualmente, el nivel de inquietud y presagio la acerca a clásicos del folk horror como The Wicker Man (1973) o a obras contemporáneas como Get Out "Dejame salir" (2017). Prescinde de los sustos fáciles y el gore en favor de una narración centrada en los personajes y en la atmósfera. El cine de Lynch es otra de sus influencias más claras, con sus imagenes perturbadoras y sus giros de guión. El terror puede no estar solo en la oscuridad de la noche o en un bar solitario de carretera sino en la cama matrimonial.

La
cámara sigue a Rachel de un modo que hace que el entorno resulte
extraño aunque no cambie físicamente, creando una sensación de encierro
sin mostrar nada obvio. A veces el
encuadre queda un poco descentrado, lo que añade
la sensación de que las cosas no están en equilibrio. La iluminación es tenue manteniendo partes de las escenas en sombra.
No se trata de mostrar todo con claridad, sino de construir un estado
de ánimo inquietante. La atmósfera de terror crece poco a poco, dejándote en una permanente situación de incomodidad de forma que hace bueno el título de que "algo terrible está a punto de suceder". La soledad de la protagonista en la cabaña del bosque con esa familia siniestra la hacen tremendamente claustrofóbica. El matrimonio no se presenta como una sueño con final feliz sino como algo más pesado, impredecible y terrible. La serie muestra a qué pueden renunciar las personas por una
relación, y si esas elecciones merecen siempre la pena. El viaje de
Rachel refleja esa tensión: parece insegura ante las señales, pero sigue impertérrita, adelante, de
todas formas, como mucha gente cuando siente la presión de seguir un
camino determinado.
Merece la pena detenerse en su aspecto musical, donde la serie es extraordinariamente rica, con canciones de autores que van desde Johnny Cash y
Animal Collective hasta Martha Wainwright, con canciones o melodías episodio a
episodio como What A Pretty Bride You'll Be, Chapel Of Love de The Dixie Cups, Deadly Valentine de Charlotte Gainsbourg, o Love Potion No. 9 de The Clovers, o el Canon en Re de Johan Pachelbel, esta última mezclando celebración y solemnidad en su momento más oscuro. El motivo recurrente de toda la temporada es la inolvidable You Are My Destiny de Paul Anka, que funciona como una amenaza dulcificada que regresa a cada momento cargada cada vez más de significado siniestro. La lógica musical es la misma que la temática: canciones nupciales y
románticas de los años 50 y 60 —el imaginario más inocente del amor y el
matrimonio— usadas para envolver una historia de horror.
Su creadora Haley Z. Boston combina horror y comedia negra con destreza a pesar de que la serie tarda varios episodios en encontrar su rumbo, lo que puede desesperar a quienes esperaban una escalada de tensión desde el principio. Es una
de las mejores series de terror psicológico que ha dado Netflix en
años. Más cercana a Ari Aster o a Lynch que al Spielberg de Stranger Things, Algo terrible está apunto de suceder
demuestra que hay vida y horror adulto más allá de las criaturas del Mundo al Reves. Francamente recomendable para los que gusten de un terror diferente.
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