En las dos próximas entradas analizaré dos series producidas por los hermanos Duffer, autores de la icónica, -es parte ya de la historia de la televisión-,"Stranger Things". La primera de ella que acabé de ver esta semana es The Boroughs. Gira en torno a los residentes de una idílica comunidad de jubilados en el desierto de Nuevo México, cuando un recién llegado, Sam, comienza a sospechar que el lugar esconde algo oscuro tras un aterrador encuentro nocturno. Junto a sus vecinos, un curioso y heterogéneo grupo: una ex-manager musical, un médico gay y una pareja de color, emprenderá la búsqueda de la verdad que pondrá en peligro sus propias vidas. A mi particularmente, y a pesar de algunos problemas iniciales de ritmo, me ha gustado.

Si "Stranger Things" tenía un montón de influencias que enumeré en su momento, en la correspondiente entrada del blog, está no se puede despachar como ha hecho injustamente algún crítico indocumentado calificándola como un "Strangers Things" de ancianos, y sustituyendo, siendo muy bestia, las bicicletas por andadores. No, The Boroughs nos trae recuerdos del cine de Joe Dante con su "Gremlins" o "The burbs" y de la mejor serie B de los años 80 y 90, a diferencia de "Strangers Things" donde las influencias de Spielberg y Stephen King eran las más evidentes. Incluso si me apuras el argumento podría haber aparecido en cualquiera de aquellas antologías televisivas míticas para el fandom del género como son "Más allá de límite" o "La Dimensión Desconocida". Por supuesto un nombre de película que nos viene a la cabeza por afinidad con la serie es "Cocoon", aunque argumentalmente no tengan nada que ver más allá de ser protagonizadas ambas por personas mayores y también existir una entidad alienígena de por medio.
Por supuesto, estando los hermanos Duffer detrás del proyecto hacen que ambas series, ésta y la que les ha dado fama y dinero, formen parte de un mismo imaginario audiovisual compartido por esa generación de jóvenes, la mía que disfrutamos de ese cine ochentero. Por supuesto que hay un giro generacional. Si en "Strangers Things" veíamos a un grupo de niños que descubrían el mundo, en The Boroughs,
son un grupo de personas mayores que han sufrido pérdidas como la muerte de la esposa o que viven diferentes situaciones: enfermedades, viejos
amores, oportunidades perdidas, achaques o recuerdos que empiezan a deteriorarse.

Si bien una lectura superficial puede hacer pensar que el diseño visual tan pulido, tan perfecto, puede trabajar en contra de la atmósfera de terror y eso es parcialmente cierto, no menos cierto es que el pueblo tan perfecto es como veremos una trampa, una ilusión de perfección. Su estética de comunidad perfecta nos retrotraen a películas como The Stepford Wives (1975), Pleasantville (1998) o The Truman Show (1998).
La
revelación central —que los fundadores de la comunidad
explotan a una entidad alienígena que llaman "la Madre" para preservar su
juventud y extender artificialmente sus vidas— es el concepto más
inspirado de la serie. La
Madre salió de un huevo alienígena antiguo descubierto en una mina de en los años 40. Los fundadores de la comunidad la encontraron
enterrada bajo el terreno donde luego construirían The Boroughs. Su
sangre metabolizada mantiene jóvenes a la pareja fundadora y a su
personal. El precio, sin embargo, lo pagan los ancianos residentes: los
hijos de "La madre" drenan fluido cerebral de los jubilados mientras duermen,
acortando su vida. La
Madre no experimenta el tiempo de forma lineal, lo que le permite
comunicarse con personas, por ejemplo con demencia o deterioro cognitivo cuyas mentes están "perdidas en el tiempo". La Madre es una entidad alienígena con una percepción no
lineal del tiempo, prisionera y explotada como fuente de inmortalidad,
que resulta ser más víctima que monstruo y que paradójicamente desea morir. Un concepto bastante más rico e interesante
de lo que la premisa inicial sugería.
Resulta esclarecedora y chocante como los villanos Blaine y Anneliese adquieren cualidades monstruosas por toda
la sangre que han bebido, mientras la Madre, el monstruo, adquiere cualidades humanas
por todo el fluido cerebral con que la han alimentado apareciendo no como una criatura grotesca sino como una figura anciana de pelo
blanco que parece casi humana. Eres lo que comes.

Al margen de su trama fanta-terrorífica, la serie critica el trato de la sociedad a las personas mayores pues el mundo deja de escucharlas mucho antes de que desaparezcan realmente de este mundo. También habla de aprender a seguir viviendo después de la pérdida, como en el caso de Sam y su mujer, fallecida tras un infarto fulminante. Buenas interpretaciones de un magnífico ramilletes de actores como Alfred
Molina, Geena Davis, Alfre Woodard, Denis O'Hare, Clarke Peters, Bill
Pullman que muestran su edad, sus canas y sus arrugas con enorme dignidad.

El único "pero" de la serie es, como he dicho, cierto problema de ritmo en su tramo central: los personajes pasan demasiado tiempo descubriendo información
que el espectador ya ha deducido, creando la frustrante sensación de que
la historia va por detrás de su audiencia. Las escenas individuales se
sostienen gracias a las actuaciones, pero la historia pierde parte de su impulso inicial. Es, no obstante, una serie que vale la pena.

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