Esta sorprendente serie de la CW, inesperado éxito el año pasado, sigue manteniendo el tono fresco y ligero y el humor negro de su primera temporada y de momento se sigue dejando ver con cierto interés. Eso si no le pidamos demasiado a la serie porque su recorrido, más allá de ser un pasable entretenimiento, no es demasiado largo. En esta temporada, nuestra zombie forense, que luce menos blanquita que en la temporada anterior, tiene como contrapunto a su ex-novio, Majors, que se ha convertido ahora en un cazador de zombies, y que trabaja en dicho cometido para la marca de bebida para deportistas, Max Ragers, responsable de la creación del virus zombie. La tensión sexual entre Olivia y Majors nos enfrenta a situaciones paradójicamente muy divertidas. El villano de la anterior temporada, el ex-zombie y traficante de Utopium, Blaine, que contagió a Olivia Moore, ha pasado de regentar una muy especial charcutería (de cerebros humanos) a una funeraria.

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