Es una pena ver como una serie como esta que empezó de forma prometedora aunque un tanto irregular en su trama y ritmo, encontró el tono y la mitología apropiadas en la primera mitad de su segunda temporada hasta el punto de convertirse en una suerte de Fringe de lo esotérico y sobrenatural acabe dando los tumbos que está dando, todo lo cual anticipa una más que cantada cancelación por parte de la cadena y a cuyo irregular devenir no es ajena. De hecho, al finalizar la temporada anterior la FOX ya anunciaba que quería una serie menos oscura y con una trama menos seriada. Desaparecidos el demonio Moloch, el jinete sin cabeza, la carismática Katrina y su oscuro hijo Henry Parish, la presencia de una bruja que responde al nombre de Pandora y que va soltando en el mundo diferentes amenazas sobrenaturales, no tiene la entidad suficiente, como para atraparnos en la telaraña de sus anodinas tramas. Ninguno de los protagonistas principales, ni Ichabod Crane, ni Jenny, y sobre todo Abby tienen la fuerza y el carisma que tuvieron en temporadas anteriores.

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