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viernes, 7 de julio de 2017

"Horizontes perdidos " o la búsqueda del paraíso perdido que todos llevamos dentro



Título original: Lost Horizons. Año: 1937. País: Estados Unidos. Director: Frank Capra. Productor:Frank Capra. Productor ejecutivo: Harry Cohn. Guión: Robert Riskin sobre la novela de James Hilton.Interpretes: Ronald Colman (Robert Conway), Jane Wyatt (Sondra), John Howard (George Conway), Margo (María), Thomas Mitchell (Barnard), Edward Everett Horton (Lovett), H.B. Warner (Chang), Isabel Jewell (Gloria), Sam Jaffe (el gran Lama). Música: compuesta por Dimitri Tiomkin y dirigida por Max Steiner. Fotografía: Joseph Walker. Sonido: Edward Bernds Montaje: Gene Havlick y Gene Milford.Dirección Artística: Stephen Gosson. Efectos especiales: Ganahl Carson  y Roy Davidson Vestuario:Ernest Dryden. Género: Aventuras, fantasía. Duración: 128 minutos. (tras la restauración de 1985, la original era de 132 m.).

Esta es una de las películas de la que más temprano recuerdo tengo. Tendría no más de cinco o seis años cuando la vi en casa de unos vecinos, con los que teníamos una estrecha relación. De esta película recuerdo el asombro que me producía descubrir un  mundo fantástico entre altísimas montañas, un mundo que era lo más parecido al paraíso que había visto nunca y por otro lado recuerdo que también me asombraba el que las personas que vivían en este idílico reino vivían durante cientos de años, casi eternamente. Pasarían otros 40 años hasta que la volviese a ver, encontrando nuevos significados a la cinta y ayer mismo la revisé para realizar esta entrada. Vistas con los ojos de ahora algunos la calificarán de ingenua y otros de lenta en su desarrollo pero sin ser una obra perfecta es para mí, con todo merecimiento, uno de los clásicos entre los clásicos de la historia del cine.L a película está basada en la novela homónima escrita por James Hilton y publicada en 1933.

La película comienza con una revuelta contra los británicos en Baskul (China) en el año 1935. El cónsul  Robert Conway se encarga de organizar la evacuación de sus compatriotas. Los amotinados incendian los hangares, se oyen disparos, los aviones despegan, -magníficas las tomas de la evacuación para la época en la que se rodó-; y finalmente Robert, junto a su hermano George, un paleontólogo, un estafador, una americana enferma de tuberculosis y algún otro personaje consiguen escapar aunque han matado al piloto y su destino varía. Viajan al oeste. Hacen una escala en el desierto, donde repostan, y vuelven a volar. Pero al poco tiempo a la nave le fallan los motores y se estrella entre las montañas cubiertas de nieve. El piloto ha muerto y se encuentran lejos de la civilización. 

El grupo es rescatado por un grupo de nativos, comandados por un tal Chang, con el que atraviesan unos estrechos senderos muy peligrosos, con grandes precipicios hasta el valle de Shangri La, un valle entre las montañas con un clima primaveral, un remanso de paz y bienestar, un pequeño paraíso terrenal. Chang   les traslada a un monasterio lamaísta. Hay una occidental allí, llamada María. Les agasajan pero parece una cárcel dorada. Al parecer les estaban esperando desde hacía dos años. Parece pues que nada es fruto de la casualidad. Robert tiene la sensación de haber estado ya en ese lugar. Su hermano, sin embargo es y se siente diferente. Desconfía del lugar y de Chang, del que dice que habla mucho y dice poco. Cree que hay alguna conexión entre el desvío del avión y ese ignoto y alejado lugar. En el valle de la luna azul viven casi dos mil personas.

Según Chang, Shangri La fue construida por un sacerdote belga llamado Padre Perrault. Eso ocurrió en el año 1713. Llegó casi congelado, se amputó la pierna, y enseñó a los nativos todo lo que sabía. Tenía 108 años cuando terminó de construir Shangri La. Aquí es muy normal vivir hasta una avanzada edad, cuenta  Chang. En Shangri La no hay delitos, no puede haberlos cuando no  no existe ni la necesidad, ni la avaricia, ni la codicia. El hermano de Robert, George traba amistad con la joven occidental, de nombre Maria, que lleva mucho tiempo en el lugar. Robert, por su parte, suspira por una mujer que ha visto fugazmente y que habla su idioma, Se llama Sondra. Con ella disfrutará de momentos inolvidables en bellisimos jardines, junto a frescos riachuelos, sorprendentes cascadas, bosques idílicos. El resto de miembros de la expedición van cambiando su actitud y disposición asi como su situación física y mental:  la americana mejora de su enfermedad. Del estafador sabremos que fue dueño de la compañía eléctrica Bryant y que empezó como lampista y llegó  a erigir un enorme imperio. El hermano de Robert enloquece, dice que están prisioneros. Por alguna razón nos están reteniendo aquí. Incluso llega a hacer uso de un arma aunque su hermano le neutraliza.


A Robert le  recibe el gran lama. Es un hombre muy mayor, pero pronto realiza un descubrimiento mayor, en realidad el gran lama de Sangri La es el padre Perrault. Y es que comprueba, asombrado,  que solo tiene un pie. R.C: Hace 200 años y todavía está vivo. Soy un gran admirador suyo, no delhéroe, sino del hombre, le dice el padre Perrault  a Bob. Y en otro momento de la conversación le recuerda que hay momentos en la vida de un hombre en que vislumbra lo eterno. Le dice que sue su nombre fue sugerido por alguien.Que utilidad puedo tener, pregunta Bob. Necesitamos hombres como usted para que continue la comunidad. Usted es un hombre joven. En su mundo le quedan veinte o treinta  años de actividad. Sin embargo en Sangri La su vida acaba de comenzar  y probablemente sea muy larga. En esta vida hay que tener un propósito. Sin ello, una larga vida es absurda. Y el padre perrault continua: El mundo es una locura, se sume en una orgía de avaricia y brutalidad. Le he traído a Sangri La porque el mundo tiene libros, música y una manera de vivir basada en una simple regla: ten caridad. Que el amor fraternal de Sangri La se extienda por todo el mundo. Renueve la ética cristiana y los humildes heredaran la tierra.

Bob sale de la reunión con Perrault, los otros le preguntan, pero Bob no dice nada. Pasea al día siguiente por las calles de Sangri La, encuentra a Sondra dando clase de música a unos chicos. Ella le cuenta que casi ha nacido allí. Hubo un accidente y su padre y ella se salvaron. Ha crecido junto al padre Perrault. Tiene solo 30 años. Robert asume de buen grado su situación en eese reino idílico: Me han raptado y me han traído aquí pero lo acepto. Quizás haya formado parte deSangri La sin saberlo. En Sangri La podemos encontrar claros ecos o resonancias del mito de "El paraíso perdido" deMiltonOjala todo el mundo podría venir a este valle, suspira Sondra. Entonces dejaría ser maravilloso, le contesta Bob. María se ha enamorado de George, el hermano de Bob. Robert y Sondra, por su parte,  juegan, se besan:  sabíaque vendrías y que nunca te marcharías, ¿me perdonas por haberte traído hasta aquí? le dice ella.

El paleontólogo dice que Sangri La es una utopía y que  quiere estudiar y enseñar geología. El estafador   pretende llevar el agua corriente al pueblo, el oro puede esperar, dice. Parece que casi todos encuentran su sitio, menos George. Bob le interpela:  George pareces un niño, no has dicho nada desde hace 2 semanas. Chang y Robert  juegan al ajedrez. Chang le confiesa que María, la chica que se ha enamorado de George, llegó al valle en 1888, tenía entonces 20 años. ¿Y si se marcha?, pregunta Bob. Tendrá el aspecto que le correspondería a su edad actual, le contesta Chang.


George está cada vez más nervioso, quiere convencer a los otros componentes del grupo: el estafador decide quedarse y la americana  también, asi como el paleontólogo. Tu hermano es un problema. Era de esperar. Tu hermano no me concierne. Es asunto tuyo. Dejo en tus manos el futuro y el destino de Sangri La. Yo voy a morir. Sabía que mi trabajo había terminado cuando te ví. Sé moderado y paciente.  Salvaguarda las riquezas de la mente.  Tu sobrevivirás a la tormenta.  Veo a gran distancia un mundo nuevo que se mueve, son las últimas palabras que le transmite el padre Perrault a Robert antes de morir. Tras su fallecimiento se celebra una gran ceremonia fúnebre.


George quiere convencer a su hermano para que vuelva a la civilización. Sin embargo Robert intenta convencerle para que se quede. Le cuenta a su hermano todo lo que sabe. George no se cree nada. Se enfurece, dice que son todo mentiras:  este no es un lugar para tí, ha sido ella, (por Sondra) la que te ha cambiado.  Esto es más fuerte que el amor fraternal, confiesa Bob. María se dispone a marchar con George. Bob le advierte  a George sobre lo que le pasará a María, la chica rusa,  si sale de Sangri La. María le informa a Bob  que  ella pagó a los porteadores, y le dice que todo es mentira, que el abad se creía el padre Perrault, que es mentira lo de que se va a convertir en una vieja. Que prefiere morir congelada en una tormenta que vivir un minuto más allí. Robert decide ir con ellos. Chang le dice a Sondra que Bob se irá pero que regresará.

Los tres enfilan el desfiladero, la puerta de entrada, en este caso de salida de ese reino mágico. Robert mira hacia atrás. Sondra les sigue de hurtadillas hasta el desfiladero. Continúan, en un momento dado alguien les dispara. Se produce una avalancha. Mueren los porteadores.  Arrecia el frio, la ventisca. Maria no puede seguir, se queda semincorporada en mitad del camino. Cuando miran su rostro, su cara es la de una vieja.  George enloquece y cae por un precipicio. Robert da tumbos y como puede se arrastra y sale de aquellas montañas hasta que es encontrado por la civilización. 

Robert Conway vive, es la noticia que aparece en todos los periódicos. Pero Conway ha sufrido una amnesia total de un año entero. Lo siguiente que sabemos de él es que Conway recuperó la memoria y  escapó. Hablaba de Sangri La. Lord Lamsford abandona la busqueda de Conway, es el último titular de los rotativos. Lamsford le siguió durante diez meses. Dice que Robert aprendió a pilotar aviones. Llego a un lugar lejano del Tibet. El hombre que no era humano. Seis veces intentó atravesar aquellas montañas, aquel desfiladero y seis veces fracasó y por fin desapareció por aquel maldito puerto de  montaña. Lo crees, le preguntan a Lord Lamsford. Si , lo creo porque necesito creerlo. Un brindis por mi esperanza de que Conway encuentre su Sangri La, por la esperanza de que todos encontremos nuestro Sangri La. Asi acaba esta inolvidable película, con las palabras posteras de Lord Lamsford.

Sangri La representa, como he comentado anteriormente, el paraiso perdido, la felicidad utópica que todos, de una u otra forma buscamos, un lugar donde  no hay codicia o avaricia, ni envidia porque todo lo que se necesita para ser feliz se tiene al alcance de la mano, un lugar de eterna juventud, un entorno idilico muy apropiado para el goce y la contemplación, y porque no, para  desarrollar nuestras capacidades y habilidades, sin ningún afan por la comptencia o el medro, base de nuestro actual sistema de valores.  La película que recibió dos oscars por categorías menores entronca con el cine vital y optimista de Capra, ese cine cargado de valores, donde sus protagonistas son personajes extraordinariamente idealistas, como en el fondo también lo es Robert Conway, y que  algunos  tachan injustamente de ingenuo, simple y sentimental y que vemos en otras películas suyas como "Caballero sin Espada", "Juan Nadie"  o "Que bello es vivir".


Calificación:

miércoles, 5 de julio de 2017

"Pandora y el holandes errante" o el amor más allá del tiempo y de la muerte




Titulo original: Pandora and the Flying Dutchman. Año: 1950. País: Reino Unido Director: Albert Lewin.Productor: Joe Kaufmann, Albert Lewin y John Woolf Productora: MGM/Romulus Film. Guión: Albert Lewin Interpretes: James Mason (Hendrik van der Zee), Ava Gardner (Pandora Reynolds), Nigel Patrick (Stephen Cameron), Sheila Sim (Janet), Harold Warrender (Geoffrey Fielding), Mario Cabré (Juan Montalvo), Marius Goring (Reggie Demarest), John Laurie (Angus) Música: Alan Rawsthorne Fotografía: Jack Cardiff. Sonido:Alan Allen y Hary Miller Montaje: Ralph Kemplen y Clive Donner Efectos especiales: W. Percy DayDiseño de Producción: John Bryan Vestuario: Beatrice Dawson Género: Drama romántico. Duración:122 min. Estreno en España: 1951


Película maldita e incomprendida en su época como pocas (fue un absoluto fracaso en taquilla), "Pandora y el holandés errante" es, en mi opinión, una de las cimas del cine romántico, una obra inclasificable que utiliza materiales de diversa procedencia para convertirse en una obra absolutamente  imperdurable. En cierto sentido al comenzar al ver esta película me acordé de otra película que he comentado en este blog:  "Jennie" con la que comparte  varias cosas: las dos son grandes dramas románticos, en ambas se utiliza el recurso de la voz en off de un narrador omnisciente, que le da un cierto tono de gravedad y transcendencia al relato y un estilo un tanto literario, la sensación de fatalidad que rodea ambas y la relación de ambas con el movimiento surrealista, marcadamente onírico en el caso de "Jennie". 

En efecto, la película comienza con una voz en off y un párrafo del filosofo, matemático, astrónomo y poeta del siglo XI Omar Khayam extraídos de su Rubaiyat que dicen así “Pero el dedo implacable sigue y sigue escribiendo. Seducirlo no podrás con tu piedad o tu ingenio para lo escrito tachar o con tus lágrimas borrar ni una coma  ni un acento”.  Así pues, se hace patente, desde el principio esa sensación  de fatalidad a la que aludía anteriormente. En sus primeras imagenes vemos  a unos pescadores que han encontrado entre sus redes los cuerpos de un hombre y una mujer enlazados por las manos. Suena una campana, la gente se arremolina sobre la arena de la playa para observar el descubrimiento y es entonces cuando uno de los personajes,  Geoffrey Fielding, amigo de la protagonista, ejerce de narrador de la historia que vamos a ver a continuación. La película tiene una estructura anular, pues comienza por el final para  narrar la historia desde el principio y terminar en ese final.
La película narra la historia de la cantante  Pandora Reynolds (Ava Gardner) que se encuentra pasando una temporada en un pueblo español de la costa mediterranea llamado Esperanza. (En realidad la película se rodó en la ciudad ampurdanesa de Tossa del Mar). La artista aparece rodeada, desde el principio,  de una cohorte de rendidos admiradores como el poeta Reggie Demarest o el piloto Stephen Cameron a los que trata con desden. De hecho, Reggie se suicida por amor a los pocos minutos de iniciada la película sin que a Pandora parezca importarle demasiado su muerte, al contrario supone una liberación para ella. Poco después la caprichosa Pandora se compromete con Stephen, un piloto de coches de carreras  a quien obliga ras una loca carrera entre los acantilados a despeñar su bólido como prueba de su amor, cosa que Stephen hace sin dudar. 

El personaje de Pandora tiene algo de diosa, adorada y deseada, inalcanzable, voluble e insensible al dolor y sufrimiento de los hombres, pero también está lleno de una gran tristeza y  un enorme vacío interior, una tristeza producto de la soledad, de la falta del amor verdadero, ese  amor que no conoce...todavía pero al que está predestinada. El destino, ese destino al  que parece no poder escaparse y que aparece claramente señalado cuando el propio  Stephen le dice a Pandora, tras la carrera entre los acantilados y el descubrimiento de una goleta en la bahía,  que ella ve ya su destino a bordo de aquel yate con el Holandés Errante. La película está llena de signos y símbolos, como cuando tras el despeñamiento del bólido le pregunta a Stephen cuando quiere casarse con ella y el le contesta mañana, 9 de marzo  (el noveno día del tercer mes) y ella le responde invirtiendo los números: prometo casarme contigo el tercer día del noveno mes.

Pandora se interesa por la historia del holandés errante y le pregunta a su amigo Geoffrey por él. Por cierto, la apariencia de su amigo recuerda clarísimamente a la de un griego clásico. Geoffrey le explica que el holandés errante aparece cada siete años y que espera que una mujer muera de amor por él. Este mito tiene algún punto de contacto con el anterior del judío errante y hay numerosas huellas de su existencia en la literatura. Las versiones de la leyenda son innumerables, pero la original comenzó con el capitán de un barco holandés, un capitán a llamado Willem van der Decken, quien hizo un pacto con el diablo para poder surcar siempre los mares sin importar los retos naturales que pusiera Dios en su travesía. Pero Dios se entera de esto y en castigo lo condena a navegar eternamente sin rumbo y sin tocar tierra, por lo que recibe el nombre de "Holandés Errante". Otras leyendas se refieren al capitán holandés Bernard Fokke o a Falkenburg. Las leyendas están datadas entre los siglos XVI y XVII. Diferentes versiones del mito recogieron y plasmaron Marryat, Irving, Wagner o Fitzball en el siglo XIX. En la obra de teatro de Fitzball al capitán se le permitía bajar a tierra una vez cada cientos de años para tratar de hallar una mujer con la que compartir su maldición, en la opera de Wagner cada siete, como en la película.


A partir de este momento, Pandora clava su mirada en el mar y es como si pareciera recibir una llamada desde el yate. Se interna en el mar y nada desnuda hasta el barco. Sube a él y se cubre con una lona. Allí, en su camarote,  pintando un cuadro, está su único tripulante, el holandés Hendryck van der Zee (un imponente James Mason),  que resultará ser el Holandés Errante. Hendryck está pintando un cuadro de Pandora, el mito griego. En la mitología griega, Pandora  fue la primera mujer, hecha por orden de Zeus para introducir males en la vida de los hombres, después de que Prometeo, yendo en contra de su voluntad, les otorgara el don del fuego. En el cuadro Pandora está a punto de abrir la famosa caja y su rostro, su rostro es el de Pandora Reynolds. No se parece en nada  a mi pero es como me gustaría ser, dice Pandora. Pandora fue la amada de los dioses de quienes recibió una preciosa caja que le estaba prohibido abrir, le cuenta Hendryck. Pandora enfadada por la arrogancia de quien parece conocerla mejor que ella misma borra su cara del cuadro. 

El holandés retoca el cuadro y justifica su retoque con las siguientes palabras "Pandora fue la primera mujer, la Eva de la leyenda griega, cuya curiosidad nos costó el paraíso terrenal. Me equivoqué al pintarla como una mujer en particular, por muy bella que sea. Pandora debería ser la mujer en abstracto, esposa y madre, el genérico y original huevo del que imaginamos que desciende la raza humana, la diosa secreta que todos los hombres desean". En ellas se hallan reunidas todas las posibilidades del mito. Pandora le pregunta a Hendryck si es en realidad el holandés errante...sin obtener respuesta. Geoffrey y Stephen van  a buscar a Pandora al barco. Pandora se arrepiente del sacrificio que le pidió a Stephen cuando despeñó su bólido. Este lo rescata del fondo del mar y lo arregla. Pandora se siente hasta cierto punto aliviada, con ese gesto de recuperar el coche,  porque sabe que esa renuncia la libera, en su fuero interno,  del compromiso.

Geoffrey pide a Hendryck le ayude a interpretar el manuscrito donde se narra la historia del holandés errante. Y el holandés comienza a leer el manuscrito. Así cuenta como asesinó a su esposa con un puñal creyendo que le había sido infiel. Le juzgaron...Se maldijo a si mismo y maldijo  a Dios  y dictó su propia condena al descubrir horrorizado que su mujer no le había sido infiel. Dice que despertó de un sueño, en plena noche. Escapó de su celda. Fue a su barco y se hizo realidad la automaldición. Intentó suicidarse con un puñal pero no lo consiguió. En su locura había dictado su propia sentencia. Sería inmortal y vagaría eternamente por  los océanos. Una vez cada siete años podría hacer una vida normal. Durante seis meses podría buscar una mujer buena y fiel pero debía estar dispuesta a morir por él, para que él supiera el verdadero significado del amor. ¿Fue un sueño? Vió el puñal en el suelo. No había nadie en el barco, ni vigía, ni timonel, ni ningún marinero. Les había visto hacía unas horas ¿o estaba muerto?. Estaba solo, indescriptiblemente solo. El timón giraba y el barco seguía su ruta. Era el capitán de una tripulación fantasma. Navegaría hasta el día del juicio final suplicando una muerte que no llegaría...
Y Hendryck sigue narrando la historia, ya sin leerla porque es su propia historia, ante el asombro del buen Geoffrey. No es solo el manuscrito el que ha vuelto a mis manos, dice Hendryck...En eso llega Pandora. Apenas falta un mes para que se case con Stephen. El Holandés cree próxima la salvación de su alma. Pero aparece otro personaje, el torero Juan Montalvo (Mario Cabré), con el que Pandora/Ava tuvo un "affaire" (lo digo porque la actriz tuvo un sonado romance con el torero en la vida real). Montalvo es un hombre  celoso, iracundo, con un clarísimo complejo de Edipo. Su madre, gitana no ve buenos augurios en las cartas. Piensa que algo malo le va a suceder a su hijo. Stephen con su coche arreglado realiza una peligrosa carrera en la playa para batir el record mundial  de velocidad y a pesar de algunos peligros lo consigue. Son tres los hombres: Hendryck, Montalvo y Stephen que están dispuestos a darlo  todo por una mujer. Todos celebran el triunfo de Stephen en el hotel Isabella. Janet, sobrina de Geoffrey, abronca a Pandora y le da una sonora bofetada porque está enamorada de Stephen. 

Entre estatuas y frente al mar, Hendryck y Pandora charlan y se sinceran. Ella le confiesa  "Hay algo que me desborda, una especie de sentimiento místico que siento por ti. Me da la sensación de que te he amado siempre, no en esta vida, sino en otras de las que no me acuerdo. Es como si esto ya hubiera ocurrido antes de conocerte; no me ocurrió a mí, sino a otra persona". Se besan. Juan Montalvo les vigila. Y continua: "He cambiado mucho desde que te he conocido. Fui destructiva y cruel por falta de amor, porque era infeliz". Ahora se siente liberada. Ante al pregunta de Hendryck de si estaría dispuesta a abandonar su vida por ejemplo, ella le contesta que sí, Si, Henry, moriría por tí, sin dudarlo un instante. Y tu que abandonarías por mí, le pregunta ella: Mi salvación. Hendryck es un hombre enamorado incapaz de lograr su salvación al precio de la muerte de ella. Por eso se sacrifica, la rechaza y le dice que no quiere volverla a ver. Quiere que se case con Stephen y se salve. Sin embargo el destino implacable no hará caso a los deseos de Hendryck y se cumplirá con inmisericorde precisión.
 Montalvo pide la mano a Pandora y es rechazado. Hay otro hombre, sabedor de que ese hombre es Hendryck y no Stephen. El es para tí pero tu no eres para él. La noche anterior a la corrida, Montalvo lanza un certero cuchillo contra Hendryck que cae al suelo herido...de muerte, para después rematarlo..Hendryck suplica: "Perdóname, Señor, porque he pecado. ¡Si pudiera morir! Pero, si tengo que seguir viviendo, te pido misericordia, Señor. ¡Es tan joven y tan bella! No permitas que ella muera para salvarme. Ya sé que esa fue la sentencia. Perdónala, no la dejes que me quiera". Hendryck no puede morir. Llega Pandora con un extraño presentimiento, había tenido una visión en la que lo asesinaban y no se cree la versión de Hendryck. 

Al día siguiente,  Montalvo torea en la plaza y le brinda a Pandora la muerte del toro, pero cuando en plena faena ve al holandés resucitado, se distrae y es corneado mortalmente."Yo le maté y está vivo", repite, sin cesar. Montalvo le confiesa a Pandora antes de morir que la noche anterior apuñaló a Hendryck. Pandora acude a Geoffrey y le transmite sus dudas. Quiere saber quien es Hendryck en realidad. Le asesinaron y revivió, dice. ¿Qué me estás ocultando?. Geoffrey ve el barco del holandés preparado para zarpar. No hay tripulación sobre la nave. Moriré si no le vuelvo a ver, continua Pandora. Tras muchas dudas Geoffrey le da, finalmente, el manuscrito y le dice: "Es su historia y también la tuya". Pandora lee el manuscrito. Geoffrey tiene una vez más una profunda sensación de fatalidad. La ausencia de viento retiene el barco del holandés en la bahía y Pandora se lanza de nuevo al mar para que se cumpla la mortal liberación del holandés. Hendryck la está esperando y recita los versos del Rubaiyat: “Pero el dedo implacable sigue y sigue escribiendo. Seducirlo no podrás con tu piedad o tu ingenio para lo escrito tachar o con tus lágrimas borrar ni una coma  ni un acento”. "Si sabías que tenía que acabar así ¿por que intentaste huir de mí? le pregunta Pandora. 

Hendryck le informa que ha vuelto a pintar el cuadro, ha devuelto su rostro al cuadro. Le enseña un retrato de su mujer. Es ella. P: ¿Asi llegó mi cara a ese cuadro?. Cuando llegué al barco por primera vez ya nos conocíamos. H: Si. Eramos marido y mujer separados durante siglos y reunidos de nuevo. En cuanto te ví, supe que volverías a mí. Hendryck le confiesa su amor. Se abrazan y se funden en un beso. El reloj de arena se detiene. Pandora aun conserva su apego a su naturaleza humana: P: ¿Cuanto tiempo crees que pasará hasta que...? Soy tan feliz que no puedo evitar querer que esto dure. Si tuviéramos un año, un mes. Pero los dos enamorados han conseguido superar las estrechas barreras del tiempo. H: ¿Cuánto tiempo crees que ha pasado desde que llegaste?  P: "Parece como si el tiempo no existiera".  H: "Durante estos siglos de soledad...deseaba morir. Todo eso no ha existido. En un momento has borrado los recuerdos de muchísimos años, años muy crueles. ¡Esta felicidad es tan intensa! Nuestro amor es real y no tiene noción del tiempo". P: "Es como si estuviésemos hechizados, fuera del tiempo, en el infinito". Los diálogos son magníficos.

El reloj de arena se quiebra, se hace añicos. Una repentina tormenta, un gran temporal (otra vez me viene a la cabeza la tormenta final de Jennie)  hace zozobrar el barco y se lleva al fondo del mar los cuerpos de los dos amantes. El circulo del relato se cierra. Termina la película con la voz del narrador, de Geoffrey que se pregunta si este libro puede proceder del más allá y si trae un mensaje de vida y no de muerte. Y desea que el Holandés disfrute tanto de su amor como sufrió por causa de su castigo divino. Geoffrey tiene dos copias del mismo escrito, separados por más de tres siglos de diferencia, pero si lo dijera todo el mundo creería que se ha vuelto loco de tanto investigar sobre viejas leyendas. "Vivimos en una época en la que no existe la Fe, pero el dedo implacable sigue y sigue escribiendo, seducirlo no podrás con tu piedad o tu ingenio para lo escrito tachar o con tus lágrimas borrar ni una coma ni un acento".

La película fue para mí todo un descubrimiento cuando la ví no hace demasiados años, tal vez cinco o seis. Reconozco que no es una película para todos los gustos ni para mentes simplonas. Excesivamente intelectual, con varias lecturas, muchos símbolos  y referencias a los mitos, pues  se basa precisamente en dos de ellos, el clásico de Pandora y el medieval de Holandés Errante, la película es un emotivo homenaje al amor romántico que supera las fronteras del tiempo (otra conexión con la citada Jennie).  Dos amantes a los que la fatalidad (el asesinato)  les han separado y condenado a vivir océanos de tiempo en soledad, Hendryck condenado a vagar eternamente solo por los mares (magnífica interpretación de un James Mason que transmite perfectamete esa tristeza vital); Pandora, representación de esa semidiosa, esa mujer poliédrica, huerfana de amor, asesinada y reencarnada, sin recuerdos, en una fría y voluptuosa artista. Ambos se reconocerán como esos amantes separados durante siglos a los que la muerte redimirá y les permitirá reunirse para siempre como espiritus puros. El destino se cumple, pues el se vera redimido y conocerá el verdadero significado de lo que significa amar y ella en la prueba más suprema del amor renunciará a su propia vida, "el amor se mide según lo que uno está dispuesto a abandonar", se dice en la película. Los dos estaban dispuestos a  sacrificarse uno por el otro, en la prueba más sublime de amor fou, pero el destino les unirá para siempre en el lecho del fondo marino. 

Hay muchos símbolos, signos y metáforas en la película, desde los cabalísticos que se refieren a la boda con Stephen, el 3 del 9, el 9 del 3, pasando por las imagenes del reloj de arena, el tiempo, el cuadro de Pandora, el bólido de coches símbolo de modernidad y de aproximación al tanathos. En la película hay muchos símbolos y metáforas  en los que se mezclan la muerte, la vida y la pasión, el coche de carreras, el torero que se enfrenta a la muerte por el toro, como un héroe griego ante el Minotauro, numerosas alusiones textuales y visuales a la cultura griega y mediterranea. La vida es mucho más de lo que vemos. La película es en cierto sentido una tragedia romántica, con ribetes clásicos, donde los personajes se enfrentan y caminan irremisiblemente hacia su propio destino

El director hace un adecuado uso del tecnicolor, hasta el punto de que también como Dieterlie en Jennie, a menudo utiliza técnicas pictóricas más que fotográficas en la película como si estuviese pintando un cuadro al oleo.  Ava aparece, en esta película,  en el culmen de su belleza. Hay infinidad de fotogramas inolvidables en los que la actriz luce esplendorosa. Ava luce un buen número de vestidos coloristas y espectaculares. Junto a "La Condesa descalza" y "Mogambo" es probablemente una de las tres películas que cimentan, de verdad, la gloria de este mito del cine. Las tres películas citadas nos dejan ver facetas de su verdadera personalidad y el personaje o los personajes que interpreta en esas películas se fusionan  hasta tal punto con su personalidad y su voluptuosa belleza  que es difícil saber donde empiezan Maria Vargas, Pandora Reynolds o Eloise Kelly y termina Ava Gardner.

 

domingo, 2 de julio de 2017

"Jennie": Hoy es el mañana de otro tiempo




PORTRAIT OF JENNIE  (1948). Basada en el libro de Robert Nathan. Produce:  David 0´ Selcznick. Director:  William Dieterle. Interpretes: Jennifer Jones, Joseph Cotten, Ethel Barrymore. Música: inspirada en temas de Claude Debussy y escrita y diriga por Dimitri Tiomkin. Fotografia: Joseph H. August.

Hace más de 20 años que ví por primera vez esta película y me produjo una profunda impresión. La he visto luego un par de veces, la última,  hace unas pocas semanas y me sigue pareciendo una obra maestra absolutamente imperecedera. Eso sí,  constituye una rara avis en el cine clásico de Hollywood, tan poco dado a este tipo de ensoñaciones onírico-románticas, más alla del tiempo.

La película cuenta la historia de un  pintor, Eben Adams (Joseph Cotten), en plena crisis creativa que conoce un día de invierno  en un parque a una muchacha, Jennie Appleton  (Jennifer Jones) que parece proceder de un tiempo pasado.  La joven Jennie le pide a Eben que le espere y le dice que se dará prisa por crecer para poder estar con él. También le pide que le pinte un retrato. En efecto, con cada nuevo encuentro la niña se irá convirtiendo en joven y luego en mujer. Eben pintará su retrato y prometen no separarse nunca pero el destino de Jennie será otro y en una aciaga tempestad, su barca zozobrará y desaparece.

Esta sipnosis del argumento no hace justicia a una película que merece estar entre esas 8 o 10 grandes películas  que ha dado el cine a lo largo de todos los tiempos;  Una pequeña joya que analizo, con detalle, a continuación.

La película comienza con una voz en off (en castellano, con la voz grave, profunda e inconfundible de Teofilo Martínez) que hace una presentación de la historia de Jennie,  y dice:  "Desde el principio de los tiempos el hombre ha sido consciente de su pequeñez,  de su  insignificancia ante el tiempo y el espacio, el infinito y la eternidad y se ha estremecido ante el misterio de lo que el hombre llama vida  y de lo que llama muerte porque quien sabe si morir no será vivir y los que los mortales llaman vida será en realidad la muerte... Nada muere,  todo cambia solamente". Y se pregunta, ¿Qué es el pasado?, ¿Qué es el futuro?. Se pregunta, también,  si será  cierta la historia que nos van a narrar y anima a verla  con los ojos del corazón.

Vemos al pintor paseando por  un Nueva York nevado ( invierno de 1934), magistralmente fotografiado por Joseph H. August, que utiliza sabiamente, y a lo largo de toda la película,  los contrastes de luces y de sombras, las luces difusas, las iluminaciones a contraluz, incluso en algunos fotogramas y, por momentos,  utiliza todo tipo de técnicas pictóricas,  fusionando armónicamente la magia del cine y de la pintura. Este magistral manejo de la fotografia destaca más si cabe ese halo de irrealidad que rodea a nuestra protagonista. Lo mismo sucede con la música.  Los acordes de "Preludio a la siesta de un fauno" de Claude Debussy acompañan las apariciones  de Jennie. Jennie hace alusión en una de sus apariciones en el parque  a la música de las estrellas, mientras vemos el titilar de estas sobre un parque fantasmagorico. Todo un poema visual.

Además de la protagonista femenina de nuestra historia, interpretado con corrección por JenniferJones y del papel de Eben bien  interpretado por un sobrio y contenido Joseph Cotten,  cabe destacar el papel secundario de la galerista Mrs. Spinney (una excelente Ethel Barrymore), una mujer que ha visto pasar su vida sin haber sentido el amor y que siente por el joven pintor un secreto sentimiento amoroso y de protección.

Nuestro pintor es un artista frustrado. Pinta cuadros técnicamente perfectos pero que carecen de vida, de la pasión que surge de la inspiración o la genialidad. Será cuando conozca a Jennie, en un Central Park nevado, cuando nazca en él la inspiración del  verdadero artista que siente y que crea desde el corazón. Es la búsqueda de la belleza y del amor que transciende las barreras del tiempo.

En su primer encuentro encuentra a una Jennie muy joven que canta una extraña y evocadora canción: "De donde vengo nadie lo sabe y  adonde voy, todo va. El viento sopla, el mar se agita, nadie lo sabe..." una de las más sugerentes canciones que ha dado el cine y que fue compuesta por el compositor Bernard Hermann, uno de los músicos preferidos de Alfred Hitchcock. "Deseo que espere a que crezca para que estemos siempre juntos",  le dice Jennie a nuestro pintor. Y le habla de cosas que parece que sucedieron en la ciudad años atras.  Como si el tiempo pasado de la niña y el presente del pintor se cruzasen  en ese portal mágico, donde confluyen el espacio y el tiempo,  y que por  momentos quisieramos descubrir bajo las torres de dos rascacielos iluminados por un sol de invierno y nieve.

En ese primer encuentro la niña olvida en un banco del parque,  envuelto en un periódico de 1910 una bufanda de mujer. Y en su estudio Eben pergeña un dibujo de la niña al carboncillo. Eben vuelve a ver a la niña que es ya una adolescente en el parque. "Me doy prisa en crecer" le dice. El la devuelve la bufanda aunque ella parece que no la reconoce.

Eben desea poder volver a verla pero no hay ningún sitio donde poder buscarla, como si de una presencia fantasmagórica se tratase que vagase   por los intersticios del tiempo, entre el pasado y el presente, ora viviendo su vida junto  a sus padres en el pasado, ora apareciéndose al pintor en el parque, en el presente. Eben no duda de que Jennie no es producto de su imaginación, los demás sí,  e investiga. Los padres de ella, unos afamados equilibristas,  murieron en el alambre en 1910. Esa misma noche el pintor vuelve a encontrar a una Jennie que llora por la muerte de sus padres, como si los hechos acabaran de suceder, aunque ella dice que llora sobre todo por haberse quedado sola, terriblemente sola.

"Hablas de cosas que pasaron hace tiempo", le dice Eben  a Jennie. Y ella es consciente, en cierto sentido,  de ese viaje suyo que transciende las barreras del tiempo. Ella cree que tiene que encontrar algo. No lo sabe. Tal vez el amor. Jennie es una  criatura triste y sola que, como veremos más tarde,  en su pasado-pasado nunca  llegó a amar y a ser amada.

El siguiente encuentro con Jennie se produce en su estudio. Alli vemos a una joven, ya casi una mujer, que tras la muerte de sus padres es recogida por una tía que la ingresa en un colegio religioso,   un convento. "Quería venir antes pero no pude.." dice Jennie. "...Me doy prisa, voy deprisa, voy muy deprisa.... " como si quisiese acelerar los años de su vida para ser mayor y poder  encontrarse  o reencontrarse con su amado de otra era, de otro tiempo.  Pero el destino... parece depararles...un trágico final. Eben había  dibujado un cuadro en el que aparecía el Faro del Fin del Mundo, un extraño paraje costero que a él particularmente le gustaba...pero que a ella su sola visión, cuando lo decubre plasmado en un  lienzo, en el estudio,    le da miedo, le produce una gran  desazón e inquietud. Como si de un presentimiento se tratase. Ella dice que no sabe si ha estado alli pero la visión de ese cuadro le produce una enorme y profunda tristeza. Se siente triste por cosas que no han sucedido, o tal vez por las cosas que van a suceder. Prometeme que no me olvidarás, le pide Jennie a Eben. Y cuando hablan de volverse  a ver... mañana, Eben pregunta "¿Cuando es mañana?", ella contesta con una frase que resume la magia de esta película:  ¡Qué importa. Hoy es el mañana de otro tiempo!.

El artista se desplaza al convento donde estudia Jennie para ver la ceremonia de toma del velo de alguna de sus compañeras. Temía que no estuviese allí, piensa. Ella le dice que se alegra que le siga esperando. Y asistimos a la escena más larga que comparten los protagonistas, pues después de acompañarla en su visita  al convento, aparecen juntos y enamorados, de noche,  junto a la orilla de un rio, bajo la luz de la luna que se refleja en sus aguas. Por fin Eben ha encontrado lo que estaba buscando, como artista y como hombre. Como artista ha encontrado ese algo eterno que hay en una mujer, que no es del presente ni del pasado, que no tiene edad ni tiempo. en relación, no cabe duda,  con  la busqueda de la belleza y la perfección que anima el genio del artista.  Como hombre busca el amor, igual que  ella, y  teme, al igual que  ella, que pese a que estan destinados uno al otro, pese a que su amor es infinito y trasciende el tiempo,  pueda haber una distancia entre ellos mucho más cruel que el del ayer o el del mañana: la muerte, la no existencia.  Y  les  asusta que no haya modo de salvar esa distancia.

La ciudad duerme y ellos pasean por las calles solitarias, abolutamente vacias, como si formasen parte de un sueño, un sueño compartido. Empieza  a amanecer. La vida empieza de nuevo. Ella había terminado sus estudios en el convento y tenía que irse con su tía a pasar el verano, dos meses, solamente dos meses y cuando terminase el verano estarían juntos para siempre. Esta larga escena de los protagonistas termina, nuevamente, como otras veces en el estudio de Eben. La luz ilumina sus rostros como si saliese del mismo cuadro. "Pinta todas las cosas bonitas que hay en el mundo" le dice Jennie a Eben. El viento sopla, el mar se agita... En clara referencia al  cuadro del faro del Fin del mundo.  Jennie ve la bufanda y se pone triste. Y cuando apenas Eben se da la vuelta buscando algo en el estudio ella, como tantas otras veces,  se desvanece.



 Llegó el otoño, pero Jennie no volvía. Eben va al convento y pregunta a una de las monjas por la muchacha. Jennie murió el 5 de octubre de 1920. Salió sola, como hacía en otras ocasiones,   a navegar en un balandro, muy cerca del Faro del Fin del Mundo y una enorme y sorpresiva  ola hizo zozobrar su barca. Nunca más se volvió a saber de ella. La religiosa le lee a Eben una de sus cartas. En ella, Jennie se lamenta de que no ha encontrado a nadie que la ame ni a quien amar. Eben le dice a la religiosa que él ha conocido a Jennie, que incluso estuvo con ella en el convento. La religiosa le escucha y parece creerle. "Los hilos de nuestras vidas están entrelazados y ni el mundo, ni el tiempo pueden separarnos", dice Eben a la monja. "Hoy es 1 de octubre. Tengo 4 días para poder volverla a ver".

En efecto Eben se desplaza al pueblo cercano al Faro del Fin del Mundo. No hay amenaza de  huracan. Había en ella algo que parecía venir de muy lejos,le comenta  a Eben un viejo pescador, el pescador que le alquiló el balandro a Jennie, 14 años atras. Eben navega en la barca y la calma da paso, de repente, a una terrible tormenta que le arroja a la playa junto al Faro, de cuya imponente escalera de caracol tenemos un magnico plano.

Llama a Jennie, una y otra vez. La tormenta se calma y Eben ve por fin el balandro de Jennie surcando las aguas. Corren y se abrazan. Tenemos toda la eternidad para estar juntos. El tiempo cometió un error. La vida no es plena hasta que no se ama ni se es amado. Después ya no existe la muerte, se dicen. Pero una gran ola les separa y Jennie, en una memorable escena pierde la mano de su amado y es arrastrada por la enorme ola hacia el mar. Poco tiempo después vuelve la calma y  se oye el canto de los pajaros.

Eben es rescatado y en una de las últimas escenas, postrado en una cama, junto a la Sra. Spinney cuenta su increible historia. Nadie le cree. Sólo le encontraron a él medio ahogado junto a la orilla. Sin embargo hay algo que nos vuelve   a conectar con la hermosa  historia que hemos conocido.  La bufanda (de Jennie) estaba allí, junto a su cuerpo, en el mismo lugar  donde le recogieron. Y por eso mismo, Eben sabe que lo que ha vivido no ha sido un sueño, ni una ilusión. El retrato de Jennie, en color, el único fotograma en color de la película, pone punto y final a esta inolvidable obra.

Comentarios del Autor:

Esta película clásica nos sorprende por su original planteamiento y su bella factura. Nos cuenta una bellísima historia de amor de dos seres que pertenecen a epocas diferentes y que superan las barreras del tiempo para encontrarse y amarse. Jennie no es un fantasma aunque su evanescente presencia y su rapido desvanecimiento pueda parecerlo. Jennie es una criatura real avida de amor que se proyecta hacia el futuro para encontrarse con su alma gemela, 14 años después de su muerte. Hay una Jennie, que no conocimos, que tuvo su propia vida, llena de tristeza y soledad.  Y hay una que Jennie que vive al mismo tiempo en dos planos de existencia, la suya propia, entre 1910 y 1920 y la coexistencia, en  fugaces momentos, con su amado, del invierno de 1934 y los dos suceden para Jennie de forma paralela.  La historia que vemos en la película es en cierto sentido una reescritura de su propia vida. Una segunda oportunidad para alcanzar aquello que siempre anheló: amar y ser amada. Y sin embargo la  Jennie que se proyecta en 1934 es consciente, sin haberlo vivido,  o precisamente por haberlo vivido de su propio y fatal destino, ese destino que se volverá  a repetir en octubre  de 1934.