El pasado 15 de julio Netflix estrenaba, sin ningún tipo de publicidad, una magnífica serie que es todo un homenaje al cine y, porque no, al fantástico audiovisual de los años 80, en general. Creada, escrita y dirigida por los hermanos Matt y Ross Duffer (se iba a llamar, originalmente "Montauk") es una subyugante mezcla de terror y ciencia ficción que va "in crescendo" conforme avanzan los capítulos. La serie está ambientada en 1983 en el pueblo ficticio de Hawkins, Indiana. La historia comienza con la desaparición de un chico de unos doce años, Will Byers, en extrañas circunstancias. Paralelamente a la desaparición aparece de repente en el pueblo una chica con poderes telequinéticos. La niña que responde al nombre de Eleven (11) ha escapado de un complejo gubernamental donde era objeto de continuas pruebas o experimentos. Algo, por otra parte, oscuro y diabólico, acecha a los habitantes del pueblo y parece ser la causa de nuevas e imprevistas desapariciones.


He de reconocer que cuando comencé a ver esta serie tuve algún recelo, ciertos prejuicios, como si pensara "a ver que me van a contar", "esto ya lo he visto mil veces", porque es verdad que lo primero que le llama a uno la atención es la cantidad de influencias, todas ellas ochenteras que tiene la serie. En ella podemos descubrir, sobre todo, influencias de las primeras películas de Spielberg, Carpenter, Tobe Hooper, y de otras películas de género de entonces, pero también influencias de los libros y de las películas inspiradas en la literatura de Stephen King. Me vienen a la cabeza, sin ánimo de ser exhaustivo, películas como "ET", "Los goonies", "Pesadilla en Elm Street", "Poltergeist", "La cosa" y reminiscencias de obras stephenkinianas como "Carrie", "Eso" así como de Lovecraft, Tolkien, el rol de Dragones y Mazmorras, etc. Pero a medida que ha ido avanzando en la serie cualquier idea preconcebida que tuviera sobre ella ha quedado desterrada, pues todas sus tramas (la infantil, la juvenil, la de los adultos) y sus componentes (el thriller, el terror, el romance) se han engarzado de tal manera, tan magníficamente combinados que la convierten, probablemente, en uno de los mejores exponentes del género de los últimos años. Si fuese una película sería la mejor pelicula de ciencia ficción-terror de 8 horas que se ha hecho ultimamente.






La serie recrea, con todo lujo de detalles, la atmósfera, música, -inolvidables canciones de bandas míticas como The Clash, Joy Division o Foreigner-, así como la vestimenta y el ambiente de aquellos años y las películas de esos años, sin que este ejercicio de revival parezca una imitación o impostura. Donde J.J Abrams falla con su estimable pero imperfecta "Super 8", los hermanos Duffer aciertan de pleno. La serie combina una historia que atrapa con unos buenos personajes, que vemos, además, definirse y crecer poco a poco a lo largo de los capítulos. No me parece, en absoluto, gratuito este gran homenaje al cine de género de los primeros años 80, un tiempo lejano ya para nosotros, -han pasado más de 30 años-, donde no existía ni internet ni los móviles, -esas pequeñas cosas que nos han cambiado tanto la vida en las últimas décadas-, donde los chicos seguían jugando en la calle, buscando cada tarde nuevas aventuras, en el seno de aquellas cuadrillas donde se creaban auténticos lazos de amistad y de compañerismo, como vemos en la serie. A diferencia de honrosas excepciones, no creo que el cine de género haya mejorado mucho realmente, en estos últimos años, porque a pesar de contar ahora con extraordinarios efectos especiales, estamos faltos con frecuencia de que nos cuenten buenas historias y de que nos la cuenten bien, con una buena introducción, creando los climax adecuados para desembocar en un apoteósico final.



"Strangers things" nos presenta personajes bastante muy bien construidos que no se nos olvidarán fácilmente como el interpretado por una rescatada para la actuación, Wynona Ryder, que borda su papel. Ella es la desquiciada madre del chico desaparecido, una autentica madre coraje, tachada de loca, que se enfrentará a lo que sea, con el fin de poder volver a ver a su hijo, aunque lo que sea venga de otro mundo u otra dimensión. O el sheriff Jim Hopper interpretado por un magnífico David Harbour, que ha sufrido un drama familiar, perdió a su hija por un cáncer, aunque intenté olvidarlo y que se vuelca en descubrir la verdad, contra viento y marea; sin olvidar a los tres chicos amigos, el protagonista Mike Wheeler, su amigo Dustin Henderson, que sufre de "displasia cleidocraneal" y que le produce al hablar un gracioso ceceo o su otro amigo, el chico de color Lucas Sinclair, quienes constituyen un singular grupo de chavales con mucha química entre ellos. No faltarán los celos entre algunos de ellos (Lucas y Mike) cuando se incorpore al grupo Eleven que ayudará a buscar a su desaparecido amigo.


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